Manejo de plagas, malezas y enfermedades: cómo mejorar monitoreos y pulverizaciones

Entre enfermedades, plagas y malezas, el diccionario que miran los productores en cada campaña es cada vez más amplio y variado. Por eso, el fenómeno de expansión de estos problemas es cada vez más complejo de abordar, ya que depende de varios factores, como las condiciones ambientales y la susceptibilidad o resistencia de los materiales sembrados.

En el 15° Encuentro Nacional de Monitoreo y Control de Plagas, Malezas y Enfermedades organizado por el Grupo Halcón, algunos expertos brindaron recomendaciones para mejorar los monitoreos y pulverizaciones, de manera de achicar al mínimo posible el daño que pueden hacer insectos, hongos y “yuyos”.

“Nuevas estrategias para el manejo de enfermedades de maíz”, fue el título de la conferencia que brindó al respecto Roberto De Rossi, especialista del Laboratorio de Fitopatología de la Facultad de Ciencias Agropecuarias de la Universidad Católica de Córdoba (UCC).

De Rossi recordó algunas pautas básicas que hay que seguir para reducir los riesgos de enfermedades, como la selección de variedades tolerantes y resistentes, la utilización de semillas con tratamiento de fungicida, la elección de fechas de siembra que evadan condiciones ambientales predisponentes a enfermedades, y la rotación y fertilización de cultivos.

En tiempo real

De todos modos, hizo especial hincapié en ejecutar monitoreos frecuentes tanto de las plantas como de las condiciones ambientales, para decidir correctamente la aplicación de fungicidas y, por ejemplo, no llegar tarde con los tratamientos.

En tal sentido, recomendó apoyarse en el uso de tecnologías. “Hoy es posible el monitoreo de variables en tiempo real y se pueden solapar distintas capas de información que hacen más sencilla y rápida la toma de decisiones”, enfatizó De Rossi.

Y agregó: “Se están formando permanentemente equipos multidisciplinarios, con expertos en biotecnología, que generan herramientas de modelización, información y programación a partir de conocimientos sobre sanidad de cultivos”.

Para el especialista en fitopatología, una máxima que hay que recordar es que mejorar el manejo no sólo contribuye en el corto plazo, a proteger a los lotes de los patógenos; sino también en el largo, para hacer más duradera la resistencia genética que poseen los materiales. 

Aplicaciones

En cuanto a las pulverizaciones, el ingeniero agrónomo Mariano Luna remarcó: “La calidad de una pulverización está condicionada a las características del blanco a ser tratado, al modo de acción de los productos que se están aplicando, y a las condiciones del ambiente que ocurren durante la gestión en campo, además de la arquitectura foliar del cultivo objetivo”. 

Por eso, para que una aplicación sea de calidad, es fundamental tener en cuenta aspectos como la densidad de gotas y su tamaño, y el volumen de caldo que se pulverizará en un área de cultivo.

“Las estrategias utilizadas para promover una mejor llegada y aumento de la cobertura del blanco pueden ser a través de la reducción del tamaño de las gotas, manteniendo el volumen constante, o bien manteniendo el tamaño de las gotas aumentando el volumen”, indicó Luna. 

Y continuó: “El tamaño de las gotas es de fundamental importancia para el éxito de una pulverización, debido a que la reducción del tamaño de las mismas permite un aumento de la cobertura del blanco, pero aumenta el riesgo de pérdida por deriva y evaporación. Por otro lado, cuando hay necesidad de controlar la deriva, se utilizan gotas mayores y eso resulta en menor densidad de cobertura del blanco”. 

Por este motivo, lo que es fundamental es tener en cuenta el marco en que se va a desarrollar la aplicación; es decir, las condiciones ambientales. 

Por ejemplo, el viento, que interfiere en el movimiento de las gotas y en su deposición sobre el blanco de la pulverización, pudiendo actuar negativa o positivamente en una aplicación. 

“La ausencia de viento puede asociarse con la ocurrencia de corrientes aéreas convectivas, también conocidas como inversiones térmicas, que son capaces de transportar las gotas más finas de una pulverización a distancias imprevisibles. La intensidad del viento adecuada se considera un importante auxiliar en la deposición de las gotas en el interior del dosel de las plantas. La temperatura y la humedad relativa del aire son factores que determinan mayores o menores pérdidas de productos fitosanitarios a través de la evaporación”, subrayó Luna.

En definitiva, consideró que “las máquinas aplicadoras de productos fitosanitarios son capaces de realizar pulverizaciones, pero el usuario tiene que tomar las medidas necesarias para que la operación resulte en una aplicación, o sea, que el producto fitosanitario se deposite en cantidad adecuada, en el lugar donde efectivamente es necesario”.

La Voz

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