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Con 10 mil autopsias realizadas y 30 años en morgues, el doctor Vignolo colgó el guardapolvo y se fue a su casa

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Mario Vignolo fue para la Justicia de Córdoba ese médico de cabecera que todos solemos tener en la parte clínica, aunque lo fue en la especialidad forense. No sólo lo fue para los investigadores que lo necesitaban para desentramar un homicidio, sino también para la prensa que lo llamaba como voz autorizada para opinar sobre innumerables casos.

El médico de 63 años, especializado en criminología, psiquiatría y toxicología, colgó los bisturís, las sierras para huesos, las pinzas y las tijeras de disección tras llegarle la jubilación. “Al final llegó, era algo que creí que nunca iba a pasar”, confiesa a La Voz, con una sonrisa.

Cuando se le pregunta en cuántas autopsias participó a lo largo de sus 30 años de trabajo, no lo duda.

“Unas 10 mil…, aproximadamente”, responde con humildad.

Ahora, sostiene, cambiará esas herramientas por tijeras de podar, ya que le apasiona la jardinería, sobre todo cuando la realiza en su patio. Algo terapéutico, también, tras algunos problemas de salud que lo aquejaron en los últimos años. De todos modos, asegura que seguirá vigente participando de congresos y educando. Para ello, ya tiene armado un espacio en el fondo de su casa, rodeado de libros.

El médico forense Mario Vignolo, tras  largas décadas de arduo trabajo y de esclarecer crímenes, finalmente se jubiló. (La Voz)E

Forense, desde el primer día que pisó la facultad

Oriundo de Colonia Castelar, provincia de Santa Fe, Vignolo pasó y sigue pasando gran parte de su vida en San Francisco, donde dejó huella en el hospital Iturraspe, lugar en el cual se formó y creció como médico. También fue durante 15 años su director, combinando el trabajo de oficina con el de la morgue.

“Desde que empecé a estudiar quise ser forense. No era común en ese entonces porque la mayoría elegía otra especialidad. Cuando me recibí, sólo había escuelas de Medicina Legal en Rosario y en Buenos Aires, por lo que debí resignarlo un tiempo”, explica.

Su primer objetivo era ser el médico de su pueblo. Castelar, que cuenta con unos mil habitantes, se encuentra distante de San Francisco a poco más de 30 kilómetros: “Me vine a formar al hospital Iturraspe como médico generalista, lugar que fue mi cuna y mi casa. Mientras tanto, trabajaba en Castelar. Al poco tiempo, ingresé al Servicio Penitenciario y ahí un jefe de sanidad me dice que se abría la carrera en Córdoba de Medicina Legal y no dudé en anotarme”, recuerda.

Mario Vignolo, forense del caso Dalmasso, fue testigo central en el juicio a Marcelo Macarrón. (Tomy Fragueiro)

Su primer caso judicial

Vignolo ingresó a la Justicia en 1992.

Ese fue un trampolín para trascender más allá de esta región. Su primer caso le llegó cuando aun no era forense titular, sino que estaba reemplazando a otro profesional. Debió intervenir en el asesinato de una bioquímica de Arroyito, a comienzos de la década del ’90, a quien habían degollado.

Explica que al hacer la autopsia llamó su atención que el cuerpo de la mujer estaba cubierto de sangre y presentaba unos pelos que no parecían humanos. “Fuimos al laboratorio y confirmamos que no eran pelos, sino cerdas de un pincel”, explicó. Esa observación permitió orientar la investigación hacia un pintor que había trabajado en la vivienda y que terminó siendo identificado como el autor del crimen.

No fue un caso más. Se trató del primero en el que la observación, minuciosa por sobre todas las cosas, permitió resolver un homicidio que de entrada parecía no ser sencillo.

La observación rigurosa y otros casos que marcaron su carrera

Vignolo admite que no se trata sólo de mirar, sino de observar con dedicación. Ver cosas en una escena que otros no ven. “Lo que no hay que hacer es ver cosas que no existen, ni armar películas de cuestiones que no hay”, advierte como consejo a las nuevas generaciones.

Su definición de forense de cabecera la explica él mismo: “Voy al lugar del hecho, observo la escena, después hago la autopsia y relaciono todo. Si surgen dudas, luego vuelvo a la escena del crimen”.

Con varios años de experiencia en el lomo, el médico elevó su protagonismo a través de casos muy resonantes que ocuparon la agenda mediática nacional. Algunos pasaron en San Francisco, como el crimen de Natalia Vercesi en 2009, en manos de su marido, el kinesiólogo Alejandro Bertotti. “Fue uno de los más desafiantes en mi carrera”, asegura.

Recuerda que la escena del crimen fue “preponderante” y que esa noche sacó él mismo 96 fotos, recordando a un viejo maestro que le había dado esa indicación en algún momento de su vida. “Estuve meses levantándome a mirar fotos y todos los días descubría algo nuevo”, evoca.

Vignolo también participó en la exhumación de los restos de monseñor Enrique Angelelli, el “obispo de los pobres”, en el marco de la investigación por su muerte durante la última dictadura militar. Resalta que el caso fue “interesantísimo”, en el que cumplió un rol –tres décadas después- como perito de parte que cuestionaba un peritaje previo.

Fue también una mirada distinta sobre las prendas conservadas durante años, lo que le permitió replantear conclusiones. Señala que no se podía descartar un accidente, pero mucho menos afirmarlo. “Había que buscar otras pruebas para ver si había sido un homicidio”, remarca, y fue ese peritaje el que cambió el sentido de la investigación de la muerte del obispo cordobés en La Rioja. “Fue uno de los mayores orgullos de mi carrera”, afirma.

Río Cuarto. Volvió a declarar Mario Vignolo, forense criminólogo. (La Voz).

La presión en el caso Dalmasso

Otro caso donde intervino fue el del crimen de Nora Dalmasso, en Río Cuarto. Aclara que no sintió presiones en su vida mientras hacía su trabajo, aunque en esta investigación en particular algo pasó.

“Había sido convocado como especialista. Después, de los mismos que me eligieron o de gente cercana tuve presiones; incluso tuve sanciones para que no declarara. Fue doloroso en ese momento”, recuerda.

No obstante, destaca que en San Francisco siempre sintió respeto hacia su trabajo desde el Poder Judicial de la ciudad.

Mario Vignolo. (La Voz / Archivo)

Mirada de investigador

Vignolo también hace énfasis en cómo fue cambiando la sociedad a medida que fue transitando su carrera como forense. Explica que cuando empezó a trabajar sólo había una muerte por accidente de moto por año y uno o dos homicidios. Hoy esos números crecieron de manera exponencial.

Lo mismo cuando se refiere a los casos de abuso sexual, en los que ha sido un estudioso. “Se perdió el tabú de denunciar, la sociedad lo visibiliza”, destaca, aunque advierte que la ira y la violencia no paran de crecer.

Sobre la morgue, entiende que es un “espejo social” donde no sólo se observa la muerte, sino también las causas: violencia, hogares desintegrados y consumo problemático de drogas.

Recuperar el tiempo perdido y no quedarse quieto

Vignolo acepta que su profesión lo llevó a resignar tiempo con la familia: “No vi crecer a mis hijos y ellos ya tienen su vida”. Sin embargo, aunque ya estén grandes, pretende acompañarlos desde otro lugar.

¿Qué hará ahora de su vida? El médico responde que no se quedará quieto, sino que piensa en escribir y en seguir enseñando. Asume que vivió su profesión con mucha pasión y aclara que la vida le dio mucho y que nadie le quita lo bailado.

“Detrás de ningún entierro hay un camión de caudales, la mortaja no tiene bolsillo y no hay gusanos blancos, dorados y negros. Todos terminamos igual, pero nos llevamos lo que dejamos”, concluye con una frase, dice, que lo marcó desde hace un tiempo.

El médico forense Mario Vignolo, tras largas décadas de arduo trabajo y de esclarecer crímenes, finalmente se jubiló. (La Voz)

Perfil de un forense experto

Mario Vignolo tiene 63 años. Fue presidente de la Asociación Argentina de Medicina Forense, vicepresidente de la Asociación Iberoamericana de Medicina Forense, presidente del Tribunal de Apelaciones del Consejo Médico de Córdoba y director del hospital J. B. Iturraspe de San Francisco. Ha participado como disertante en numerosos congresos internacionales de medicina forense, además de colaborar como perito de parte en muchos casos policiales, algunos de fuerte exposición mediática.

LA VOZ