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A puro cuarteto cerró el Festival de la Buena Mesa y la Canción en San Francisco

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La segunda noche del Festival de la Buena Mesa no necesitó presentación: tomó ritmo desde el primer acorde. Con un clima ideal y el predio de la Sociedad Rural empezando a poblarse con paso sostenido, el domingo asumió desde temprano su identidad cuartetera, en una jornada que volvió a proyectar un marco superior a las 10 mil personas.

A las 20 en punto abrió el escenario mayor Tumpara, en su debut en la Buena Mesa. El grupo local no entró con cautela: lo hizo con una banda sólida y un cuarteto moderno, pensado para el público que ya se acomodaba frente al escenario mientras seguía ingresando gente al predio. Fue un inicio firme, que marcó el pulso bailable desde el arranque.

Luego fue el turno de Germán Casas, otro de los talentos locales que se plantó en el escenario mayor con seguridad. Alternó clásicos del cuarteto como “Tres” con canciones más modernas y cruces con la cumbia, como “El no va a venir” y “El Secreto”, en un set que dialogó con distintas generaciones. Con una banda muy sólida detrás, sostuvo un tramo equilibrado entre tradición y actualización del género, mientras el predio seguía tomando forma y sumando público frente al escenario.

La noche continuó con El Súper León – Tributo Monero, que volvió a la Buena Mesa con su homenaje a Carlos “La Mona” Jiménez. Jorge Castillo y su banda desplegaron un repertorio identificado con distintas etapas del ícono cuartetero, apelando a la memoria colectiva del género. Sonaron clásicos como “Goma de mascar”, “El bohemio” y “Ya ves, no te puedo olvidar”, entre otros temas que encontraron inmediata respuesta del público. Con acordeón al frente y una puesta cuidada en estética y energía sostenida, el show mantuvo el clima bailable mientras el predio ya mostraba mayor densidad de público.

Con el correr de los minutos, el predio terminó de tomar forma y se mostró prácticamente lleno frente al escenario mayor. La segunda noche confirmó la expectativa de convocatoria y volvió a reunir a miles de personas en la Sociedad Rural, con fuerte presencia de público joven y grupos que llegaron desde distintos puntos de la región.

Entre las autoridades presentes se encontraba el gobernador Martín Llaryora, acompañado del intendente Damián Bernarte, reforzando el carácter provincial que fue consolidando la Buena Mesa en los últimos años.

Al igual que en la primera noche, volvió a destacarse el nivel técnico del festival. El sonido se mantuvo claro y potente durante cada presentación y el escenario mostró una mejora visible con el despliegue de pantallas LED y una puesta visual más cuidada, a la altura de los festivales más importantes de la provincia.

El turno de Monada

Uno de los momentos más esperados del tramo central llegó con Monada, el grupo de los hermanos Ninci, que desde el inicio planteó un sonido moderno y contundente, alineado con la renovación del cuarteto en los últimos años. Con puesta dinámica y ritmo sostenido, el conjunto sostuvo un show que encontró a la Rural ya colmada de público frente al escenario mayor.

En la segunda parte del set se sumó como invitado Marcos Bainotti, aportando un cruce generacional que potenció el tramo más intenso de la presentación. Arrancaron juntos con “Yo sin tu amor”, en un momento que elevó el clima general y consolidó la sensación de que la noche ya estaba en su punto alto.

El ballet Mayor de la Escuela Municipal de Danzas ofreció un espectáculo en homenaje al cuarteto, recreando los bailes en Bomberos y con temas clásicos que trascendieron generaciones.

Dale Q’ Va dejó a la Rural bailando

En el tramo siguiente, Dale Q’ Va tomó el escenario con ritmo sostenido y sin pausa. Con un repertorio que alternó temas propios y clásicos bien instalados en el circuito bailable, mantuvo a la Rural completamente de pie. En medio del show sumaron como invitado a Uriel Lozano, referente de la cumbia santafesina, en un cruce que aportó otro color a la noche y amplió el abanico musical del domingo.

El cierre del set fue en alto: llegaron algunos de sus hits más celebrados y hasta el himno “Quién se ha tomado todo el vino”, que encontró al predio entero cantando. Fue uno de los momentos de mayor intensidad colectiva de la jornada, con un público que respondió sin fisuras y sostuvo el clima festivo hasta el último acorde.

Para entonces, la segunda noche ya había consolidado su perfil propio dentro de la 23° edición: cuarteto desde temprano, escenario en plenitud técnica, predio colmado y miles de personas que volvieron a elegir la Buena Mesa como punto de encuentro regional. Con los números centrales aún por delante, el domingo dejó en claro que el festival mantiene intacta su capacidad de convocatoria y su identidad popular.

Reseña de El Periodico