Morteros y el desafío de “reeducar” a hombres violentos

¡Compartir es demostrar interés!

Desde hace dos años funciona en Morteros el Programa de Reeducación Emocional y Responsabilidad Social para Hombres Agresores. Hasta el momento, más de 70 varones judicializados pasaron por esta dependencia, que busca construir “una masculinidad diferente”.

Si bien es prematuro hacer evaluaciones, los profesionales a cargo del programa manifestaron que los “cambios son notables en las conductas, la actitud y la predisposición de las personas que asisten”. Entre ellos, rescataron un reducción en el porcentaje de incumplimiento de las medidas cautelares, que estiman “es menor al 30%”.

Así lo señalaron a LA VOZ DE SAN JUSTO los coordinadores del programa, Gonzalo Aubone y Betiana Cepeda, destacando además que son pioneros en el interior provincial.

El mismo depende de la Unidad de Asistencia Integral de Violencia Familiar desde la cual se brinda apoyo a mujeres que sufren violencia de género; así como también problemáticas vinculadas a adicciones y a la niñez y adolescencia.

Todas ellas conviven desde la Dirección de Prevención y Asistencia Integral a la Comunidad (Dipaico) encabezada por el doctor Gonzalo Aubone, que junto a un equipo de profesionales del municipio buscar romper con paradigmas sociales que generan conductas violentas.

 “Con el tiempo es notable el cambio en las conductas y la actitud de los agresores,  así como también en su predisposición. Ellos van entendiendo que nosotros queremos reeducarlos, no se trata de juzgarlos ni condenarlos, sino de una mirada más social y humana”.

 

La obligatoriedad de la Justicia, un factor clave

Trabajamos de manera coordinada con tribunales de la ciudad de Morteros, quienes luego de receptar la denuncia y llevar adelante la parte judicial, ofician a los denunciados a que se acerquen a esta oficina y participen de este programa”, expresó el doctor Aubone.

En este sentido, resaltó el rol de la Justicia para que el programa funcione. “Para que de resultado necesitamos de la obligatoriedad del poder judicial”, agregó.

Consultado sobre la iniciativa- sin precedentes en el interior de Córdoba- el profesional a cargo de Dipaico dijo que “hemos visto que hay agresores que vuelven a tener denuncias o que esas mismas personas que denuncian vuelven a establecer vínculo con su pareja, por lo que nos pareció importante brindar un abordaje diferente y aumentar la prevención. Veníamos trabajando con mujeres y con niños y adolescentes; la ´pata´ que nos faltaba eran los hombres”.

Pioneros en el interior

Acerca de la modalidad de trabajo, Aubone contó que es tipo taller, con un encuentro semanal en el mismo espacio físico donde se asiste a mujeres víctimas de violencia aunque con la precaución de que “no haya entrecruzamiento de personas que puedan estar vinculadas”.

“En 2019 hemos tenido tres grupos diferentes, quienes vienen “oficiados” por la Justicia, a quienes debemos darle una certificación de que asisten y llevar adelante un registro de participación”, precisó el profesional.

Por otro lado, la trabajadora social Betiana Cepeda destacó que “somos pioneros en el interior provincial en este programa de asistencia a hombres, siendo que sólo tiene antecedentes en la ciudad de Córdoba”.

 “La razón del abordaje es brindar garantía de una vida libre de violencia a la mujer y su familia, por lo que nos hemos capacitado con un psicólogo social especialista en masculinidad”, manifestó.

Precisó que para poder ingresar al programa se realiza previamente una entrevista de admisión. “Los hombres deben reunir una serie de características”, dijo y mencionó que “no se trabaja con femicidas ni hombres que hayan cometido delitos sexuales”.

Hacia una “nueva masculinidad”

Cepeda aseguró que los hombres que asisten a la unidad de asistencia “entienden la violencia como una expresión o conducta aprendida que se infiltra en todos los ámbitos de la vida”.

“Se trabaja mucho en relación a las emociones de las masculinidades, de las construcciones de estereotipos que viene reproduciendo como si el hombre llora o no llora, temas que no se hablan en otros espacios; para construir una masculinidad distinta”, explicó la trabajadora social.

Aubone agregó que “con el tiempo es notable el cambio en las conductas y la actitud de los agresores, así como también en su predisposición. Ellos van entendiendo que nosotros queremos reeducarlos, no se trata de juzgarlos ni condenarlos, sino de una mirada más social y humana”. Así, los primeros encuentros son un tanto fríos y distantes, pero a medida va pasando el tiempo, conseguimos muy buenos resultados, inclusive hablando de otros temas- como el vínculo con sus hijos o sus padres- que enriquecen la participación de cada uno”.

  

 Betiana Cepeda y Gonzalo Aubone, los coordinadores del programa

 

Acompañar el reencuentro

Si bien todo dependerá de la medida cautelar de cada caso, el tratamiento demanda el menos de un año para conseguir el “alta”. No obstante, la Unidad de Violencia Familiar y particularmente este programa de asistencia a hombres está abierta “en todo momento”.

“Quedan abiertas las puertas en caso de que estas personas decidan retomar el vínculo con su pareja, una vez superada las instancias que la misma Justicia les impone para poner en resguardo a la mujer”, indicaron los profesionales.

“La idea es realizar un acompañamiento en este reencuentro. De hecho hay gente que aun cumpliendo los espacios temporales que la justicia le impone, sigue asistiendo el grupo”, concluyeron.

 

Primeros resultados 

Si bien es muy temprano para hacer una evaluación, Aubone y Cepeda manifestaron que “hay conformidad desde tribunales con el trabajo que se realiza desde esta unidad”, de hecho uno de los parámetros que miden es el cumplimiento de la restricción impuesta a estos hombres.

“Menos del 30 % incumplen la medida cautelar, lo que denota que este espacio va generando responsabilidad de la conducta violenta. Además concientizándolos de que si no cumplen, tienen determinadas consecuencias para el ingreso al programa de asistencia del municipio”, señalaron.

Asimismo, estimaron “todo lo que involucra a un cambio de paradigma social, recién lo vamos a ver en los próximos cuatro a cinco años” con la esperanza de que “todo se puede cambiar”.

La Voz de San Justo