Caso Casermeiro: Una deuda y una traición, la tenebrosa sospecha de una ejecución por la espalda

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Se llama Gerardo Luis Gette, tiene 57 años, es padre y está divorciado. Dijo ser comerciante. Algunos conocidos suyos señalan que, a la par de vender semillas, se ganaba la vida como comisionista y andaba mal financieramente.

Desde hace cinco meses, está preso en la cárcel de San Francisco. Un fiscal lo acusa de haber engañado y asesinado a su amigo, el ginecólogo Daniel Antonio Casermeiro (61), de un balazo en la nuca. Una ejecución a sangre fría.

El cadáver del médico fue hallado tirado en un maizal en las afueras del pueblo de Estación Luxardo, al norte de San Francisco.

Sucedió en el ardiente diciembre de 2019. Desde entonces, Gette está acusado de homicidio agravado por el uso de arma de fuego y por la alevosía. En caso de condena, la pena es la prisión perpetua.

Gette, quien niega los cargos y asegura que es inocente de modo enfático, quedó cercado tras una compleja investigación que coordinó el fiscal Bernardo Alberione.

El funcionario sospecha que Gette habría asesinado a traición a Casermeiro por un supuesto móvil económico. Concretamente, sospecha que el ginecólogo le reclamaba al hoy acusado 500 mil pesos prestados para comprar una Amarok. En el medio, habrían existido otras diferencias económicas, como la compra de un departamento en Brasil.

En las últimas horas, el Juzgado de Control de San Francisco confirmó la prisión preventiva contra Gette, avalando así la acusación.

Víctima. Daniel Casermeiro fue asesinado de un balazo a traición.

Al ser entrevistado, Gette estaba bronceado. A los policías les llamó la atención. El hombre habría dicho que se había “flechado” bajo el sol limpiando el tanque de agua de su casa. Nunca le creyeron.

El fiscal Alberione entiende que Gette se habría bronceado tras haber cometido supuestamente el crimen y haber regresado a San Francisco caminando bajo el sol.

Más allá de esta conjetura, la causa se basa en un andamiaje de indicios sostenidos por análisis de comunicaciones, escuchas, seguimientos y filmaciones, además de testimonios de varios allegados.

Crimen y conmoción

Según el fiscal, aquel jueves, Gette habría ido a buscar a Casermeiro al sanatorio Argentino, de San Francisco. El médico salió alterado a su encuentro.

Las cámaras de seguridad lo muestran dándole a Gette, quien lo esperaba en su camioneta VW Amarok negra, una caja de cartón.

Dentro de la camioneta estuvieron conversando unos minutos, tras lo cual el médico buscó su BMW blanco, recogió a Gette y partieron hacia Estación Luxardo, según el rastreo de celulares.

Alberione sospecha que, con el ardid de presentarle un supuesto negocio inmobiliario, Gette habría llevado a Casermeiro a ver campos. Estuvieron dando vueltas hasta las 16. Esa siesta, Casermeiro fue visto comprando botellas de aguas saborizadas en un negocio.

A las 15.51, el ginecólogo mandó su último WhatsApp a un vecino a quien iba a comprarle una casa.

Según la acusación, Gette habría sorprendido al médico desde atrás y, con una pistola 22, lo habría asesinado de un tiro en la nuca. El arma nunca fue hallada.

En la causa, hay testimonios que señalan que el hombre estaba interesado en comprarse una.

El cuerpo de la víctima fue arrastrado y ocultado en un campo entre yuyos de casi dos metros. A su lado quedaron las botellas.

Según el fiscal, Gette habría conducido el BMW hasta otro campo para abandonarlo y despistar.

Luego, habría vuelto caminando durante casi dos horas hacia San Francisco a buscar su camioneta, que había quedado estacionada cerca del sanatorio.

Una cámara de seguridad lo capta subiéndose, con la cara bronceada, a la Amarok a las 19. Para el fiscal, todo fue parte de un plan.

Auto abandonado. El coche de la víctima fue ocultado en un campo en las afueras de Luxardo, en el departamento San Justo. (La Voz / Archivo)

Auto abandonado. El coche de la víctima fue ocultado en un campo en las afueras de Luxardo, en el departamento San Justo. (La Voz / Archivo)

Para sostener su tesis, hizo que un policía caminara desde Luxardo hasta San Francisco una siesta de 34 grados, midió los tiempos y, por cierto, el “flechazo” con que llegó el extenuado investigador.

Alberione insiste en que todo el lugar donde ocurrió el crimen era bien conocido por Gette.

El fiscal remarca que el salvaje asesinato de Casermeiro se habría registrado en el marco de una pelea por dinero: una deuda.

Tras analizar numerosos testimonios, el fiscal entiende que víctima y acusado habían sido una suerte de socios por años en emprendimientos. Gette presentaba negocios y, tras pagar comisiones, Casermeiro los concretaba.

Sin embargo, mientras el médico comenzaba a progresar económicamente, no habría sido esa la misma suerte del comisionista. Incluso, habría caído en deudas.

“(Gette) atravesaba una situación económica difícil (…), las posibilidades de concretar operaciones inmobiliarias eran nulas, no tenía capacidad económica (…); el fallecimiento de Casermeiro lo colocaba indefectiblemente en una situación más favorable. Por otro lado, le adeudaba una suma de dinero significativa”, resalta el fiscal en su causa

La Voz