Educación: la deserción estudiantil en la universidad no creció con la virtualidad

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o está impactando la educación remota en los alumnos de primer año de diversas carreras universitarias? ¿Ha crecido la deserción? ¿De qué manera se han adaptado los estudiantes a la virtualidad? ¿Cuáles son los pros y los contras que observan los alumnos en relación a esta modalidad obligada por la pandemia del Covid-19?

Aunque aún es prematuro realizar evaluaciones concluyentes, los primeros relevamientos de distintas unidades académicas de la Universidad Nacional de Córdoba (UNC) revelan que la educación remota no estaría provocando una mayor deserción que la habitual en los alumnos que inician su trayecto universitario.

En épocas “normales”, el abandono de ingresantes ronda el 34 por ciento. Este año de virtualidad obligada no sería la excepción.

Por caso, los reportes parciales de la Facultad de Lenguas de la UNC (sin los datos de cierre de las materias anuales de las diferentes carreras) muestran una tasa de deserción similar a la de años anteriores: se ubicaría entre el 30 y el 40 por ciento.

“Creemos que la educación remota pudo haber originado un pequeño incremento en la deserción normal de 1° año. Pero, hasta el momento, no notamos una baja importante que nos genere preocupación”, indicó Mariela Bortolon, secretaria académica de Lenguas.

Bortolon agregó que en los años superiores el pase a la educación remota de emergencia fue aprovechado por los estudiantes que, generalmente, no pueden cursar por cuestiones laborales: “Allí el porcentaje de deserción se reduce considerablemente, hasta tocar puntas del 15 por ciento en algunas carreras”.

En la Facultad de Ciencias Económicas, la deserción en 1° año fue similar a la de 2019, mientras que mejoró ligeramente el porcentaje de materias regularizadas en todos los años de las carreras. “En cuanto a los resultados en exámenes pasa lo mismo que con el total de estudiantes. El porcentaje de aprobados en la virtualidad es algo menor, entre un 5 y un 7 por ciento”, subrayó Jhon Boretto, decano de esa facultad.

En Ciencias Médicas, 890 estudiantes están cursando 1° año. El decano Rogelio Pizzi explicó que aún no es posible evaluar si hubo o no deserción porque faltan los parciales de mediados de noviembre para regularizar las materias. El comportamiento es similar en la Universidad Católica de Córdoba (UCC).

Qué dicen los alumnos

Alumnos de 1° año de carreras de la UNC, de la UCC y de la Universidad Siglo 21 consultados por La Voz coincidieron en que la enseñanza virtual tiene pros y contras.

Por una parte, les permitió una transición tranquila entre el secundario y la universidad, ganar el tiempo de traslado y, en general, estudiar desde la comodidad del hogar. Pero, por otra, no conocieron personalmente a sus compañeros, no interactuaron de manera presencial con profesores ni disfrutaron de la vida universitaria en todas sus facetas.

“En mi caso hubo dos momentos: el primer semestre, que me encantó, y el segundo semestre, que me harté porque no era suficiente la comodidad de estar en mi casa”, sintetiza Santiago Álvarez Farré, de 1° año de Ciencias Políticas en la UCC.

Carla Alessandrini, de 1° año de Administración de Empresas, en la Facultad de Ciencias Económicas de la UNC, también encuentra ventajas y desventajas y anhela el regreso de las clases presenciales. “Pienso que la interacción personal sería indispensable y más productiva, cumpliendo con protocolos correspondientes con los ‘profes’ y con mis compañeros, para el aprendizaje y el seguimiento de la carrera. De no ser posible, creo que intentar un sistema mixto de clases presenciales y clases sincrónicas sería muy beneficioso y motivador tanto para los alumnos como para los profesores”, opina.

Ritmo de estudio. Los alumnos organizan sus tiempos para estudiar en casa. (AP)

Ritmo de estudio. Los alumnos organizan sus tiempos para estudiar en casa. (AP)

María José Gorosito, alumna de 1° año de Ciencias de la Educación de la Facultad de Filosofía y Humanidades en la UNC, cree que una de las cuestiones más desafiantes de la virtualidad es la falta de interacción. “No se da el espacio de pregunta y respuesta o reflexión grupal (más allá de las clases sincrónicas, que son breves) de manera directa. Hay foros en el aula virtual, grupos de WhatsApp con ayudantes alumnos, pero hay un acercamiento diferente al conocimiento”, sostiene. Apunta, además, que los cambios en el calendario académico se fueron dando sobre la marcha y eso generó problemas.

En el mismo sentido opina Octavio Velázquez, de 1° año de Abogacía: “Una de las contras es la falta de organización de este año en cuando a fechas de parciales y finales”.

Gorosito también habla del recorte de material (“incluso hemos visto la mitad de algunas materias”, dice) y de la imposibilidad de realizar las prácticas. Sin embargo, destaca el acompañamiento desde diversos sectores. “Desde el Centro de Estudiantes se han dado becas de conectividad, certificados de alumno trabajador, se han armado drives con resúmenes y se han dado clases de apoyo con tutores. Desde las cátedras se han conservado las condiciones de promoción y regularidad (incluso han tomado recaudos en la cantidad de parciales y trabajos) y no han tenido problemas en alargar las fechas de entrega cuando lo hemos pedido. Han respondido todas nuestras inquietudes y dudas y han dado las clases en tiempo y forma, muchas de ellas asincrónicas, pero han estado”, detalla Gorosito.

En relación a la organización personal, María José cuenta que intenta leer los contenidos antes de una clase. “La mayoría de los parciales son asincrónicos, con lo cual tengo varias horas para resolverlos en caso de falta de conectividad (algunos son grupales). He podido conectarme a las clases sincrónicas sin problemas, gracias a que tengo buena conectividad y los recursos con qué hacerlo. Los docentes graban las clases con lo cual uno puede acceder cuando pueda”, asegura María José.

Organización y motivación

Luz Alí, de 1° año en Diseño e indumentaria en la Universidad Siglo 21, lamenta que no haya podido conocer a sus compañeros y asistir a las clases prácticas. Sin embargo, destaca el tiempo ganado para otras actividades al no tener que trasladarse al campus. “Me permitió retomar actividades cerca de mi casa que no iba a poder hacer si estaba en Córdoba, como ir a montar en un club en Falda del Carmen”, cuenta.

Luz cree que se organizó “bastante bien” en su primer año y que el estudio marchó sin problemas. “Lo que sí me complicó es que mi carrera es ciento por ciento práctica y no tuve la oportunidad de que nos explicaran (de manera presencial) temas como costuras, telas”, explica. Y agrega que conoce varios casos de deserción.

“Muchos conocidos ingresantes a otras carreras, la mía inclusive, dejaron por falta de motivación porque les deprimía la situación de tener que estar frente a una pantalla sin conocer a sus compañeros”, asegura.

Recalcular

“Con la llegada de la cuarentena, el hecho de no poder vivir la vida universitaria a pleno fue un poco abrumador. Al principio del semestre no tenía clases de todas las materias, entonces éramos el libro y yo. Y sentarme a estudiar sin saber si regresaríamos o no dentro de unas semanas, lo hacía más difícil. Con el tiempo me fui acostumbrando”, cuenta Carla Alessandrini, estudiante de Administración de Empresas.

Su habitación se convirtió en el aula, estudiaba por videollamada con una amiga y asistió desde el inicio a todas las clases sincrónicas que los profesores daban vía Zoom o Meet. “Esto mejoró muchísimo mi aprendizaje y mis hábitos de estudio, ya que el hecho de escuchar a los profes me hacía sentir más contenida y me daban ganas de seguir estudiando por mi cuenta”, sostiene, y agradece tener computadora y conexión a internet. Rindió parciales y finales.

“Con seguridad, a pesar de la pandemia, este año no fue perdido. Y aunque me costó agarrar el ritmo al principio, aprendí a estudiar en estas condiciones y a aprovechar las horas del día que, en cuarentena, sin juntadas, salidas y trayectos hasta la facultad, eran muchísimas”, dice.

Entre las desventajas de la virtualidad, Carla remarca: “Cuando estamos todo el día en casa nos pueden pasar dos cosas: si uno no se organiza y se hace una rutina, se puede atrasar con facilidad. O por el contrario, puede llegar a estudiar todo el día sin dejarse un tiempo libre para despejar la cabeza”.

Desde casa. Los universitarios ven como positivo el hecho de poder organizar sus tiempos y no tener que afrontar el gasto de los traslados. Pero extrañan las explicaciones cara a cara de los profesores y tener más tiempo para los exámenes.

Todo lo bueno y lo malo de aprender de manera virtual desde la propia casa

Los estudiantes universitarios cordobeses coinciden en que la mayor ventaja es que en las aulas virtuales se encuentra todo el material necesario: resúmenes, videos explicativos y la posibilidad de ingresar a las clases grabadas para volver a escuchar las explicaciones de los profesores.

“Lo malo es la poca interacción con el profesor, el hecho de no estar cara a cara, tener poco espacio para hacer preguntas, para que te respondan. A la hora del cursado, al ser tantos, porque son cursos numerosos de 60 o 120 alumnos, se hace difícil cuando falta organización por parte del profesor”, considera Octavio Velázquez.

Agrega, además, que algunos profesores dejan poco tiempo en los parciales y en los exámenes finales para leer, interpretar y responder las consignas. “Se hace medio tedioso y es una carrera más de rapidez intelectual que de saber el contenido”, piensa.

Santiago Álvarez Farré dice que la virtualidad le generó dos momentos durante el año. “El primer semestre estaba muy contento con la virtualidad porque soy un alumno independiente para estudiar, me manejo bien solo. Me organizaba mis tiempos, mis horarios, dormía mejor, dormía más, no tenía el traslado, estaba muy cómodo desde casa y me fui adaptando gradualmente. Cuando empezó el segundo semestre ya eso no era suficiente, sino que me empecé a hartar, quería compartir y vivir las experiencias”, asegura el joven estudiante.

“Sigo valorando muchísimo la comodidad de la casa en la virtualidad, pero no es suficiente como para decir, después de tantos meses, que es preferible esto a lo presencial”, sostiene Santiago.

No obstante, reconoce que en este tiempo ha quedado en evidencia que muchas cosas se pueden hacer desde la casa, siempre y cuando se cuente con los recursos tecnológicos necesarios.

Mixtos. La mayoría de las casas de altos estudios aún no han definido cómo será el ciclo lectivo 2021. Todas están diagramando esquemas mixtos de enseñanza, amalgamando momentos presenciales con clases virtuales.

MARIANA OTERO – LA VOZ