Situación social. Paicor: 20 mil beneficiarios “por primera vez” y otros 22 mil que pidieron ingresar y debieron ser rechazados
La demanda del Paicor sigue creciendo: hay 20.480 niños y niñas que nunca antes habían sido beneficiarios del programa de asistencia alimentaria provincial que ingresaron al padrón por primera vez en 2026. Y en apenas un mes completo de clases, los pedidos de grupos familiares para obtener el beneficio y que fueron rechazados porque no cumplen los requisitos ya superaron el número de “trámites observados” -como denomina las negativas el lenguaje administrativo oficial- del año pasado.
Paicor es un programa muy extendido, con una amplia cobertura provincial, pero no es universal. Se implementó hace 41 años y es una política de Estado, ratificada por ley. En su reglamentación se estableció que se requiere del cumplimiento de tres requisitos para la admisión de un beneficiario: que los ingresos familiares no superen el valor de una Canasta Básica Total (CBT) medida por el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (Indec), estimada en febrero en $1.397.672; que si tiene un vehículo tenga una antigüedad mayor a 10 años y que no cuente con más de una propiedad.
El Paicor terminó 2024 con cerca de 250 mil beneficiarios. En 2025 cerró con 309 mil. Hubo 302.546 beneficios consolidados a fines de marzo, pero se espera que luego de que se completen las revisiones de los pedidos del inicio del ciclo escolar este número crezca y la proyección que tiene la Provincia es que a fin de año la expansión llegará a un número de entre 325 mil y 330 mil beneficiarios, en un margen de crecimiento de un 10% a un 13% del programa, según estimó el secretario General de la Gobernación, David Consalvi, quien tiene a su cargo la gestión del principal plan social provincial.
Hoy hay 820 mil alumnos en el nivel inicial, primario y secundario de la Provincia. Si se cumplen estas proyecciones, con las altas y bajas constantes que tiene el sistema, cerca del 40% comerá con el Paicor.
Un «termómetro social»
“Lo que se advierte es una situación alarmante, un estado de fragilidad extrema de las familias, que en la Provincia la vemos en dos o tres programas que son termómetros de precisión de cómo la economía familiar sufre los avatares de un modelo que genera sus consecuencias en el deterioro de la calidad de sus vidas”, valoró el funcionario provincial.
Paicor, al estar atado a la evolución de la “línea de pobreza” para autorizar nuevas admisiones, es uno de estos termómetros sociales clave.
Uno de los datos que más llama la atención es el de los 20.480 nuevos inscriptos al 31 de marzo que jamás estuvieron en el sistema. Este número se construye sin considerar a los que están terminando el secundario ni a quienes ingresan al nivel inicial. Son chicos que tienen antecedentes escolares, pero no demandaban asistencia alimentaria. “Son los que nunca estuvieron”, resume Consalvi. Dicho de otro modo: son nuevos pobres.
El otro dato que completa la presión de la demanda para ingresar al programa es el llamado “rebote”. O los “trámites observados”, el eufemismo burocrático del rechazo: el año pasado, durante todo el año, se rebotaron un poco más de 20 mil presentaciones para obtener el beneficio. Sólo en marzo hubo 22.944 solicitudes observadas.
“El programa ofrece un margen de hasta un 25% para considerar situaciones especiales, pero tiene requisitos que obligan a que se tengan que rechazar las presentaciones si no se cumplen. Pero es claro que esto demuestra de qué modo la clase media empobrecida está presionando para entrar al programa por distintos factores como el alto endeudamiento y el costo de los alimentos, que se convierten en prohibitivos para familias que tienen dos o tres chicos a quienes tienen que mandarles todos los días comida o dinerO.
La única «comida fuerte» del día
En el segundo semestre del año pasado, Paicor hizo un estudio con criterio estadístico en las escuelas de Capital para caracterizar el peso que tiene el programa en la nutrición de cada niño y cada niña. El resultado fue que el 64% de los beneficiarios, la colación de media mañana o media tarde y el almuerzo eran las únicas comidas fuertes del día.
El Paicor tiene un costo mensual de unos 21 mil millones de pesos y está presente en 3.368 establecimientos educativos en la Provincia.
Quedan muy pocas escuelas públicas sin el servicio. En 2025 se incorporaron 34 -entre ellas, el tradicional colegio Domingo Carbó, en barrio Alberdi, frente a la plaza Colón- y este año se proyecta sumar a 30 más.
Además, en los últimos dos años se convirtieron servicios de viandas en 51 escuelas rurales a comedores con cocina y platos calientes.
“Queda en un residual en lugares muy puntuales, como en alta montaña, donde hay que llegar a mula con las viandas. El plan de la gestión es llegar con el 100% de comida caliente en todas las escuelas que requieren el programa”, definió Consalvi.
Mejoras en el menú
El diseño y la planificación de los menús de Paicor se realiza mediante un trabajo articulado con equipos técnicos de la Universidad Nacional de Córdoba, la Universidad Católica de Córdoba y la Universidad Siglo 21, las tres universidades que tienen carreras de nutrición en Córdoba.
En los últimos años se incluyeron productos regionales y alto valor nutritivo, como el maní o la miel.
Se trata, también, de “educar el gusto” para ampliar la nutrición.
Y de incorporar “buenas prácticas vinculadas a la comensalidad”, algo que el programa define como la construcción de hábitos en el espacio social donde se comparten alimentos, se transmiten valores y se construyen conductas saludables.
“Se trabaja junto a las comunidades educativas en aspectos como el uso de cubiertos, el lavado de manos, el tiempo destinado a comer, el consumo de agua y el acompañamiento de adultos durante las comidas”, destacan.
Esto adquiere una relevancia todavía mayor cuando se lo relaciona con el dato de que en una amplia mayoría de los casos la comida del Paicor es la única que se hace en el día. No hay algo parecido a una mesa familiar en la cotidianeidad de esos niños y de esas niñas.
LA VOZ

