Dos de cada 10 cordobeses practican una religión, y entre ellos el catolicismo sigue siendo mayoritario
La gran mayoría de la población cordobesa vive al margen de las instituciones religiosas. Según los datos relevados por la consultora Delfos en febrero de este año, el 81% de los encuestados afirmaron no realizar ninguna actividad religiosa, frente a un 19% que se define como practicante activo. El dato cobra relevancia frente a lo que se adivina como una fuerte contracara: el impacto que puede registrar la anunciada visita del papa León XIV a la ciudad, en noviembre de este año.
Dentro de ese 19% que sí participa de la vida religiosa, el universo es heterogéneo. La liturgia católica lidera las menciones con un 28%, seguida por la asistencia a la Iglesia Evangélica o Protestante, que ya alcanza un 22%. Si sumamos a quienes se identifican con el “Catolicismo general” (11%) y la “Catequesis” (3%), la influencia católica sigue siendo mayoritaria entre los creyentes, aunque el crecimiento de las opciones evangélicas y de quienes se definen como “Cristianos sin denominar” (11%) muestra «una fragmentación creciente del mercado de la fe”, en palabras de la consultora.
Uno de los hallazgos más reveladores del informe es cómo la pertenencia a una clase social condiciona el tipo de religiosidad. “Existe una sensibilidad económica que parece permear incluso las decisiones cotidianas y los hábitos de esparcimiento, y la religión no es la excepción”, plantea el estudio.
En el Nivel Socioeconómico (NSE) Alto, la práctica religiosa se mantiene en un 15%. En este estrato, el catolicismo es hegemónico: el 43% de los practicantes asisten a misa y un 24% se identifica con el catolicismo general. Aquí, la fe parece estar fuertemente ligada a la tradición institucional y litúrgica.
En el NSE Medio, la participación sube al 20%, el nivel más alto de todos los estratos. La composición es más equilibrada, aunque la misa católica sigue liderando con un 26%, seguida muy de cerca por el mundo evangélico, con un 21%.
Sin embargo, el escenario se invierte en el NSE Bajo. Aunque la participación general es del 17%, la Iglesia Evangélica/Protestante es la fuerza dominante con un 34%, superando por 14 puntos a la misa católica (20%). Esto sugiere que, en los sectores populares, las iglesias evangélicas han logrado una mayor penetración y sentido de comunidad que la estructura parroquial tradicional.
La religiosidad en Córdoba también tiene una marcada brecha generacional y de género. Las mujeres muestran una mayor inclinación hacia la actividad religiosa (21%) en comparación con los hombres (15%). Además, la práctica es directamente proporcional a la edad: mientras que solo el 12% de los jóvenes de 18 a 29 años participan en actividades de fe, la cifra asciende al 31% en los mayores de 65 años.
“La identidad religiosa cordobesa está atravesando una transformación en la que que el nivel de ingresos y la edad actúan como los principales vectores de segmentación”.
Mientras el catolicismo institucional se refugia en los sectores más acomodados y de mayor edad, el evangelismo se consolida como la respuesta espiritual predilecta de los sectores menos favorecidos”, analizan los autores del estudio.
Datos a escala país: 57% católicos
El último estudio publicado sobre religiosidad en el país es del Observatorio de las Creencias en Argentina (OCREAR), radicado en la Subsecretaría de Ciencia, Técnica y Cooperación Internacional del Ciclo Básico Común de la Universidad de Buenos Aires (CBC-UBA). Fue publicado en febrero de este año.
Según este informe, el catolicismo continúa siendo mayoritario (57,7%), “aunque claramente lejos de los niveles históricos registrados a lo largo del siglo XX, cuando representaba al 90% de la población (Censo Nacional de Población, 1960)”, señalan los autores Juan Cruz Esquivel, Mariela Mosqueira, Gabriela Irrazábal, Damián Setton, Fausto Ferreyra, Ana Carnero, Candela Saint Paul y Sofía García Camerata.
El segundo grupo en magnitud es el que reúne a la población sin filiación religiosa (22,4%), “que confirma el avance de procesos de desinstitucionalización religiosa”, remarcan.
En el análisis de este dato puntual, aclaran que “esta categoría no implica necesariamente ausencia de religiosidad”. Por el contrario, una proporción significativa mantiene creencias y prácticas espirituales. Este fenómeno se aproxima a lo que la sociología denomina «creer sin pertenecer», donde la religiosidad persiste desvinculada de instituciones formales.
El campo evangélico, por su parte, consolida su posición como segunda identidad religiosa organizada (17,4%) en este relevamiento.
Estos resultados encadenan una tendencia decreciente del catolicismo en Argentina. Los últimos dos censos en los que se preguntó qué cultos profesaba la gente fueron los de 1947 y 1960, cuando la población se proclamó católica por abrumadora mayoría: 93,6% en 1947, y el 90,05% en 1960. En 2020, el Centro de Estudios e Investigaciones Laborales del Conicet, que dirige el sociólogo Fortunato Mallimaci, actualizó una investigación propia de 2008. Esos resultados, conocidos en noviembre de 2020, relevaron que el 62,9% de la gente se proclama católica, el 15,3% evangélica (pentecostales y otros) y el 18,9%, sin religión (6% es atea; 3,2%, agnóstica, y 9,7% dice no tener ninguna religión).
El estudio del Ocrear señala algunos sesgos por género, edad y territorialidad.
“Las mujeres presentan mayor vinculación institucional con la religión, especialmente las de extracción evangélica, mientras que los hombres muestran una mayor tendencia a declararse sin filiación religiosa”, apuntan los autores.
Sin embargo, en este informe hace hincapié en que “la edad emerge como la variable más explicativa de las diferencias religiosas”. Dicen los autores: “Se observa una fractura generacional profunda, que anticipa transformaciones en la composición religiosa de la sociedad argentina. Los jóvenes son menos católicos (44,6%), mientras que entre los adultos mayores el catolicismo conserva una posición dominante (69%). Al mismo tiempo, entre las generaciones más jóvenes crecen tanto las opciones evangélicas como la no filiación religiosa. Estas diferencias entre cohortes no responden a una variación coyuntural, sino que permiten inferir un proceso de reemplazo generacional. Las nuevas generaciones anticipan una transformación estructural del campo religioso, caracterizada por menor centralidad del catolicismo y mayor diversidad de opciones”.
Por último, el catolicismo mantiene altos niveles de adhesión en el interior del país. “A nivel territorial, el catolicismo presenta mayor presencia en el interior del país (59,4%), mientras que la población sin filiación religiosa se concentra, en mayor medida, en el Área Metropolitana de Buenos Aires (26,1%). Los evangélicos, en cambio, muestran una distribución más homogénea. Los grandes centros urbanos aparecen como espacios de mayor diversificación cultural y debilitamiento de las pertenencias tradicionales, operando como ámbitos de vanguardia en los procesos de cambio religioso”, analizan los autores.
LA VOZ

