Para los docentes, las burbujas requieren mucha organización y el transporte es el peligro

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asistencia de los chicos se da en burbujas de entre siete y 15 estudiantes. Y la organización es muy complicada. Hay presencialidad, pero no se puede asegurar que haya un mayor seguimiento, o que se aprenda más”.

Con esas conclusiones, la profesora de lengua del Ipem 38 Francisco Pablo de Mauro, Anabel Allochis, analizó esta primera etapa de bimodalidad. Lapresencialidad fue el desafío más novedoso y según la docente su éxito no se vio reflejado en la práctica.

Para Allochis lo más grave es que hay alumnos que tienen clases una vez cada tres semanas. “Soy esencial de lengua y tengo tres burbujas en las que doy la misma clase. Con los estudiantes nos vemos poco y no puedo ir a la virtualidad, porque todas mis horas se invierten en la presencialidad. Se trata de un verdadero ajuste a la educación”, criticó.

Además, dijo que el asunto de la organización de las burbujas fue secundario ante otra problemática aún mayor: “Los alumnos y alumnas llegan en transporte público. Es un crimen social, porque no hay frecuencias, no agregan nuevos colectivos. Todo lo que se pueda estar luchando para que se mantenga la prevención en las escuelas, se acaba cuando uno sale y sube al transporte”, advirtió.

 

Flavia Olmedo Morante es maestra en la escuela Syria Poletti, de barrio Ejército Argentino. Y en este establecimiento de la zona sur de la ciudad el problema de la alternancia en la presencialidad también complica la tarea docente.

“La burbuja viene funcionando muy bien. Fueron super pensadas y planificadas para que no surgieran inconvenientes a niveles familiares”, comenzó a relatar Olmedo Morante con una voz suave y entusiasta. Pero también agregó que “un desafío es la trayectoria educativa”.

Con este punto, la educadora se refirió a que el seguimiento del estudiante que va a la escuela cada 15 días se realiza a través de un mensaje de audio, o de celular. “En algunos casos se graban videos y se envían a las familias. También hay una predisposición constante de parte de los docentes a explicar las dudas que surgen”, detalló.

Por su parte, otro profesor de lenguas evaluó que el déficit más grande es “la falta de personal”. Alejandro Roqueiro, del Ipem 160 Hipólito Vieytes, sostuvo que faltan “desde una persona que esté en la puerta, a la mañana y a la tarde, hasta preceptores”.

“La mayoría de los cargos son de los docentes con mayor antigüedad. Esos son los que se pudieron sacar alguna licencia. Al no haber gente en las puertas, esto deja librado al azar el ingreso (entran hasta los padres). Después hay chicos o docentes hasta 15 minutos esperando que les abran las puertas. Eso se va relajando la prevención cada vez más”, alertó.

LA VOZ