Intensivistas del interior de Córdoba, en alerta por la saturación de camas – Entre 90 y 95% en el Iturraspe

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Los intensivistas del interior advierten sobre la saturación de camas críticas. Los jefes de terapia de los principales hospitales y clínicas expresan que los servicios se encuentran completos desde hace semanas, al tiempo que reconocen que son más jóvenes los pacientes internados en esta nueva ola.

Es que el promedio de edad de los internados bajó en la mayoría de las terapias. Estos pacientes llegan más descompensados, porque demoran en la consulta.

Otro dato significativo es el nivel de agotamiento que viven los profesionales de estos servicios. La mayoría reconoce que descansa muy poco y que el estrés también se extiende a los agentes que se desempeñan en dispensarios, ambulancias y centros de segundo nivel de atención. Vamos por parte.

Villa María. Hace unas semanas, la ciudad cabecera del departamento San Martín fue noticia, cuando se difundieron imágenes de ambulancias haciendo cola para conseguir una cama crítica. El hospital Pasteur, centro de salud de mayor complejidad, cuenta con 40 de estas unidades, de las cuales 27 están destinadas a Covid-19 y 13, al resto de las patologías. Antes de la pandemia, trabajaba con 16 camas críticas.

“Hoy la saturación es para todos por igual. A veces se visibilizan los grandes hospitales, pero los dispensarios que tienen uno o dos pacientes esperando por una cama crítica, o un servicio de emergencia que no tiene quién los reciba, también la pasan muy mal”, explicó Luciano Capponcelli, jefe de terapia intensiva del Pasteur.

Desde enero a esta parte, el promedio de edad de los ingresados a la terapia intensiva es de 48 años (en octubre del año pasado era 66). Mientras que el promedio de los fallecidos en lo que va de junio es de 52 años. En el hospital se montaron carpas prehospitalarias para personas con diagnóstico reciente de Covid-19 o con síntomas leves. La intención es detectar a tiempo una neumonía y poder tratarla antes de que la enfermedad se complique.

Durante el verano, la terapia “blanca” del Pasteur (destinada al resto de las patologías), recibió un politraumatizado grave cada 48 horas, personas que sufrían accidentes de tránsito. Aunque la cifra hoy sigue siendo elevada, disminuyó con las restricciones nocturnas de la circulación.

San Francisco. El hospital Iturraspe es el centro de referencia de los pacientes graves del departamento San Justo. La terapia de adultos pasó de 11 a 32 camas. Y el ala de pediatría y maternidad del internado común se transformó en una segunda sala Covid-19 para albergar a personas con cuadros moderados.

Rodolfo Buffa, jefe de la terapia de adultos y ex presidente de la Sociedad de Terapia Intensiva de Córdoba, explicó que en la zona hay pocos especialistas y que las clínicas privadas no cuentan con médicos que hagan guardias activas en las terapias. “Desde hace más de 10 años, venimos pidiendo ser reconocidos como recurso humano crítico”, indicó.

Con el brote que este año se originó en Morteros, la terapia llegó al límite de su capacidad. Hoy la ocupación varía entre el 90 y el 95 por ciento y todo el hospital está destinado a la pandemia. La patología prevalente grave es asistida en el sector privado o derivada. “Los pacientes graves con Sars-Cov-2 que no se atienden en este hospital, terminan en un embudo que es la ciudad de Córdoba, pero hoy eso no se puede porque también está llena”, remarcó Buffa.

Río Cuarto. Desde hace semanas, la ciudad experimenta una saturación de sus camas críticas. Fuentes del Ministerio de Salud provincial se mostraron preocupados por esta región y agregaron que –junto con Punilla y Villa María– son las zonas con mayor tensión en el sistema.

Martín Isa, jefe de la terapia de la Clínica Regional del Sud, expresó: “Hace un mes que está saturado todo. Notamos que es peor que el año pasado. Podemos tener alguna unidad libre en la terapia, pero dura un rato nada más. Trabajamos a cama caliente. Tratamos de asistir a todos, la mayoría llega grave por Covid-19. Pero hay mucha espera”.

Isa destacó la ampliación realizada en la clínica, con la coordinación de Dirección Médica. La guardia central se acondicionó con respiradores y la sala de cuidados intermedios, con monitoreo. “Vemos más gente joven que llega complicada y la mortalidad es alta, porque llegan tarde a la consulta. Permanecen al menos 20 días en terapia y terminan débiles, con muchas secuelas”, advierte.

El intensivista agregó que la ampliación de camas, en cualquier centro de salud, tiene un límite: el personal. Y aclara que la mayoría de los profesionales se encuentra exhausto. En su caso, con alta carga de estrés, ansiedad y “conectado” las 24 horas a las noticias sobre la evolución de sus pacientes.

Otros corredores. Daniela Olmos, presidenta de la Sociedad Argentina de Terapia Intensiva (Sati), filial Córdoba, agregó: “La situación de Córdoba está bastante complicada. Las terapias están trabajando a su máxima potencia, con camas en las terapias tradicionales y pacientes en otras áreas, como shock room o recuperación de los quirófanos. La ocupación es altísima, en algunas instituciones por encima del ciento por ciento”.

Punilla registra también una alta demanda. El hospital Domingo Funes, de Villa Caeiro, montó un hospital modular, para testeos y seguimientos de pacientes. La semana pasada se hizo pública una denuncia de la Unión de Trabajadores de la Salud, que explicaba que la terapia estaba trabajando al límite y que dos pacientes habían fallecido en el internado común, a la espera de una cama crítica. La Provincia no hizo declaraciones al respecto.

En Villa Dolores, los afiliados de la obra social de jubilados Pami, tienen complicaciones para encontrar camas críticas, reveló su titular, Rubén Ovelar.

En Bell Ville, las ocho camas de la terapia del hospital Regional también están llenas. “Tenemos un equipo sólido de trabajo y estamos bien coordinados. Si bien hay pacientes que necesitan derivación, esa cama aparece. Puede demorar, pero se da respuesta siempre”, explicó Santiago Bondone, jefe de terapia de ese centro de salud.

El intensivista coincidió en que se reciben más pacientes jóvenes. Uno de los motivos es la gran circulación viral. Y destacó que la obesidad es la comorbilidad más común entre los internados, seguido por diabetes e hipertensión arterial.

“He tenido algunos días muy tristes. A ningún intensivista le gusta que se le mueran pacientes jóvenes y más cuando vive en un pueblo chico. Una vez recibí a un matrimonio. La mujer tenía a su esposo al lado. Pese a eso, si tuviera que elegir, volvería a ser intensivista. Uno hace las cosas con gran vocación”, finalizó.

Arritmia, estrés y “no cortar” las 24 horas

La mayoría de los intensivistas consultados refiere sentir alteraciones en los hábitos de sueño, estrés y falta de descanso. Además, pocas horas de sueño, por la necesidad de seguir “conectados” a las noticias de la evolución de sus pacientes, las 24 horas.

El aumento de la mortalidad y la mayor afectación de pacientes jóvenes, son motivo adicional de preocupación. “No se corta nunca –expresa Capponcelli–. Es desesperante tener que dar partes médicos a los familiares. ‘Cuídemelo doctor, tiene hijos chicos’, te dicen. Y quizás, viendo en retrospectiva, hayamos actuado como se debe. Pero tener al paciente al frente y saber que se te va a morir, que contás con pocas armas, es altamente frustrante”.

“Tenemos mucho desgaste, en algunos casos con angustia, en otros impotencia, bronca o desesperación. Vemos que buena parte de la población no nos acompaña, cuando notamos que no se ponen el barbijo o no respetan el distanciamiento. Creo que falta solidaridad y empatía hacia el equipo de salud”, agregó Olmos.

A diferencia del año pasado, cuando se pensaba que la pandemia se iría con el 2020, ahora en cambio no hay un horizonte claro. Y esto incrementa la angustia moral que sobreviene de la incertidumbre por no saber hasta cuándo ni hasta dónde.

LA VOZ –