Anmat aclaró que vacunas AstraZeneca covid-19 no contienen grafeno

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La Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica (Anmat) aclaró hoy que la vacuna COVID-19 AstraZeneca no contiene grafeno entre sus componentes.

Según explicó el organismo, la información sobre el contenido de grafeno surgió de un error en el tipeo del Informe IF-2021-120912800-APN-DECBR#ANMAT adjunto un expediente judicial y que fuera aclarado en la declaración realizada día martes 11 de enero del corriente año, en la misma causa judicial, por la responsable del área.

De este modo, en el punto 4 del informe donde dice “el Grafeno se encuentra dentro de los componentes de la misma” debe decir “el Grafeno NO se encuentra dentro de los componentes de la misma”.

El informe judicial se había viralizado entre grupos anti vacunas y negacionistas de la pandemia, quienes difunden información falsa y aseguraban que esto demostraba sus teorías, incluso cuando el mismo laboratorio fabricante de la vacuna ya había informado sus componentes y que entre los mismos no se incluye al grafeno.

Asimismo, tal como recopiló el sitio Chequeado.com y numerosos verificadores de datos en todo el mundo, además de científicos del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET), ya han demostrado que las vacunas aplicadas en Argentina y otros países no contienen grafeno, un elemento que especialistas han reiterado que, como otros, puede resultar tóxico pero en altas concentraciones.

Grafeno: un material caro que no está en vacunas

El grafeno es un material de átomos de carbono, obtenido del grafito, con unas condiciones extraordinarias de dureza y flexibilidad, además de ser conductor del calor y la electricidad.

Estas cualidades proporcionan grandes posibilidades de uso en aplicaciones tecnológicas, desde las telecomunicaciones 5G hasta las pantallas y carcasas móviles flexibles, y médicas.

Pero su producción industrial es compleja y extremadamente cara, lo que ha ralentizado la generalización de su uso.

Aparte de lo costoso que sería llevar a cabo un plan para inyectar nanopartículas de grafeno a la población mundial, tampoco tendría ningún sentido práctico, según expertos consultados por la agencia EFE Verifica y otros numerosos verificadores internacionales que han desmentido estas especulaciones infundadas.

Básicamente, una persona no puede adquirir propiedades magnéticas ni atraer objetos metálicos con la pequeña cantidad de grafeno que podría introducirse por medio de una vacuna.

Por otra parte, este material no forma parte de los ingredientes de las vacunas de la covid, como queda claro por las fichas técnicas de los fármacos.

Falsas teorías

El grafeno, conformado por una sola capa de átomos de carbono, no es soluble. Como explica a la agencia AFP el español Diego Peña, del Centro Singular de Investigación en Química Biológica y Materiales Moleculares, «un dispositivo de grafeno no se podría inyectar en disolución».

El óxido de grafeno, por su parte, apenas se está probando con fines biomédicos, incluso para vacunas en la forma de adyuvantes. Sin embargo, «se trata de estudios modelo en fases de ciencia básica, los cuales se encuentran aún alejados de una aplicación», explica Mariscal.

Ni éste ni el grafeno tienen propiedades magnéticas naturales, aseguraron a AFP Mariscal, Peña y María Celeste Dalfovo, doctora en Química e investigadora argentina. «Sólo es magnético en condiciones muy específicas de laboratorio […] En condiciones ambientales pierde las propiedades magnéticas», aclara Peña.

«Es imposible que el grafeno pueda imantar nada», enfatiza Mariscal, descartando los supuestos fenómenos que se ven en los videos virales. «Creo que toda la prensa y expectativas de mercado de un material que promete revolucionar la industria -como lo hicieron en su momento el acero o los materiales poliméricos – lo convierten en blanco de ataque», observa.

Con él coincide Ester Vázquez Fernández-Pacheco, directora del Instituto Regional de Investigación Científica Aplicada (IRICA) de Castilla-La Mancha, en España: «Las investigaciones que suscitan muchas esperanzas tienen un problema: la gente quiere ver muy rápido los resultados».

Sin embargo, «cualquier desarrollo tecnológico lleva detrás muchos años (…) y esta idea, por desgracia, no se difunde eficientemente», puntualiza.

«Quizá es ahí donde la ‘rumorología’ tiene su caldo de cultivo: el material es conocido, todo el mundo sabe que es real, pero no todo el mundo tiene capacidad para comprender cómo se trabaja con él», por lo que «es muy fácil hacer creer cosas que no tienen, desde el punto de vista científico, ningún fundamento», afirma.

TELAM