Tambos: la ola de calor redujo la facturación y achicó las reservas

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Más allá de que las lluvias de los últimos días lograron revertir la ola de calor que dominó el ambiente en la mayor parte de la región pampeana, el daño ya está hecho.

Así lo sienten los productores tamberos que durante el 10 y el 16 de enero vieron sometidos a sus modelos de producción a un estrés climático que dejó su marca en la producción actual y que se va a reflejar en la futura.

Por lo pronto, el Observatorio de la Cadena Láctea Argentina (Ocla) advirtió que, a partir de los datos de 10 industrias que compran algo más del 40% de la leche total en el país, en los primeros días de enero 2022 la producción de materia prima cayó 11% respecto a diciembre 2021. En la comparación interanual, la merma durante este mes es de 1,5%.

Más allá del impacto macro sobre la actividad, son los establecimientos individuales los que han sufrido los efectos del fenómeno climático.

El impacto de las altas temperaturas sobre la producción de leche fue uno de los tópicos abordados esa semana en Agenda Aapresid, el espacio de la Asociación Argentina de Productores en Siembra Directa donde productores y especialistas analizan coyunturas sectoriales.

INCERTIDUMBRE

Cristian Guillermón, es productor lechero de la zona de Ticino (departamento General San Martín) y socio de Aapresid. Bajo un sistema pastoril, con suplementación de maíz y balanceado, y con un nivel tecnológico medio (sin automatización) produce tres mil litros de leche diarios (con dos ordeñes) y con 110 vacas en producción.

El establecimiento familiar cuenta con 500 hectáreas, de las cuales 300 se destinan a la agricultura (soja y maíz) y el resto se utiliza para alimentar el rodeo del tambo.

“Desde el 21 de diciembre se frenaron las lluvias en la zona. Los maíces de primera, que se destinan a grano, se van a destinar a picado porque no van a llegar a final de ciclo; la expectativa es que los tardíos se recuperen con las lluvias y permitan hacer el grano que necesitamos para la alimentación”, alertó Cristian Guillermón durante su participación en el ciclo de Aapresid.

La incertidumbre que genera la confección de reservas para el otoño y el invierno no deja tranquilo al productor. “Somos productores primarios y vendemos leche fluida y tenemos claro que para crecer hay que producir más”, reconoció.

INTENSIFICACIÓN

En la cuenca lechera del centro oeste de Santa Fe, en el departamento San Martín, Cristian Chiavassa integra la cuarta generación de productores lecheros de un establecimiento familiar.

Con un modelo intensificado, y con 1.450 vacas en ordeñe, la empresa produce alrededor de 50 mil litros de leche diarios.

La incorporación de tecnología, en especial de la automatización y de herramientas para medir datos, le permitió al tambo ganar en escala.

“En 10 años creció más de 200% la producción de leche, un 120% la cantidad de animales, a una tasa del 12% anual, y se generó 114% más de empleo sólo con 20% más de hectáreas”, dimensionó Chiavassa.

Hace más de 10 años, el establecimiento fue uno de los que hizo punta con la incorporación de las salas de ordeñe rotativas.

“En 2010, trabajábamos 500 vacas se trabajaba 21 horas por día. La sala rotativa nos permitió gestionar mejor el rodeo con información en tiempo real y tomar mejores decisiones”, recuerda el productor.

A los dos años, sumó los collares que permiten el monitoreo de la rumia, celo, salud y jadeo de los animales en tiempo real.

“Fue la tecnología disruptiva que nos aportó más eficiencia en variables fundamentales, como la rentabilidad del negocio y la reproducción, donde pasamos de tener tasas de preñez de 15% a las actuales del 28%. Cuando se logra semejante aumento de la eficiencia en este ítem, automáticamente el rodeo convierte mejor el alimento en leche”, destacó.

Los galpones con cama caliente, el sistema de ventiladores y de duchas configuran el protocolo de bienestar animal.

BIENESTAR ANIMAL. Los galpones y los sistemas de ventilación contribuyeron a mitigar el impacto de la ola de calor en los tambos. (La Voz/Archivo))
BIENESTAR ANIMAL. Los galpones y los sistemas de ventilación contribuyeron a mitigar el impacto de la ola de calor en los tambos. (La Voz/Archivo))

FALLAS EN EL SERVICIO

Para mitigar el estrés calórico de la semana anterior, la estrategia fue que en cada ordeñe diario (tres por jornada) las vacas eran llevadas 45 minutos antes al corral de espera donde se las duchaba y se las refrescaba con los ventiladores.

“Los collares de actividad y rumia indican en tiempo real el jadeo de los animales; si supera el 10%, ese lote tiene condiciones de estrés y afecta la producción”, apuntó el productor.

La ola de calor, no obstante, impacto sobre la actividad del establecimiento.

“Veníamos muy bien en el verano produciendo 37 litros de leche por vaco por vaca, algo que nunca habíamos logrado en el verano y la clave había sido el bienestar animal logrado con los ventiladores y las duchas en los galpones”, reconoce.

Sin embargo, los cortes generados en la provisión de electricidad afectaron el normal desenvolvimiento del tambo. “Tuvimos a largo de cuatro días interrupción en el suministro eléctrico y de agua para la bebida y la ducha. A partir del 11 de enero y en cuatro días perdimos 20% de la facturación. Pasamos de 52 mil litros diarios a 42 mil litros”, graficó Chiavassa.

Por estos días, la confección de las primeras reservas aportan, además, disminución en la oferta de materia seca.

Según el productor, en esa zona de Santa Fe el silo de maíz puede aportar 18 mil kilos de materia seca y la alfalfa hasta 19 mil kilos de materia seca. “Este año lo que llevamos picado de silo de maíz estamos en 15 mil kilos de materia seca; si bien es un merma no es significativa apostamos a que la lluvia pueda mejorar los maíces de segunda”, confió el productor.

Por tratarse de un tambo confinado, la regla que se respeta a rajatabla es tener 16 meses de stock de forraje. “Sembramos 750 hectáreas de maíz y picamos 400 hectáreas. Ante una eventualidad se picará todo el maíz sembrado y se saldrá a comprar el grano afuera, como estrategia de cobertura”, explicó.

FORRAJES. La posibilidad de picar maíz en el momento justo redunda en beneficios de logística y en eficiencia en la confección.
FORRAJES. La posibilidad de picar maíz en el momento justo redunda en beneficios de logística y en eficiencia en la confección.

Por lo pronto, buena parte de los silos que se vayan a confeccionar en las cuencas lecheras serán más caros y con menos nutrientes.

En este escenario, el especialista en confección de forraje Pablo Cattani, dejo algunos tips para la elaboración de las reservas.

“Lo ideal es no pasarnos de humedad. Cuando hay situaciones de estrés, con mucho calor y demasiado viento, no era tan malo para el picado. Los maíces que no hicieron grano y que están perdidos no deberíamos hacerlo silo por debajo del 35% de materia seca. Es que porque por debajo del 30% de materia seca pierdo fibra digestiva, perdiendo mucho nutriente por efluente”, destacó el especialista durante su intervención en la charla de Aapresid.

Respecto al límite máximo de humedad, Cattani no recomendó ir por encima del 45%.

AGRO VOZ – LA VOZ