En Pandemia la provincia de Córdoba perdió 2200 empresas que cerraron

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Constituyen sólo algunos ejemplos de un problema que acarrea la economía local y nacional desde hace varios años y que el Covid profundizó: el cierre neto de empresas empleadoras formales, es decir, el hecho de que aquellas que se dan de baja o pasan a la actividad informal tornándose “invisibles” para los registros oficiales superan en número a las nuevas que la economía logra generar.

La provincia de Córdoba entró a la pandemia (febrero de 2020) con un total de 51.358 empresas activas registradas. Hoy quedan en pie 49.153, esto es, 2.205 menos (datos a noviembre). La mayor merma se registró durante 2020, cuando la actividad económica sintió de manera más brutal el impacto de la pandemia y la cuarentena asociada: la pérdida neta de firmas llegó a 2.135.

Sin embargo, en 2021 y a pesar de que la economía tuvo un rebote cercano al 10 por ciento, la destrucción de empresas continuó: a noviembre, los cierres netos del año llegaban a 82 empresas.

Los datos provienen de la Superintendencia de Riesgos del Trabajo y reflejan el mapa total de compañías que operan con al menos un empleado asalariado registrado en la provincia. Fueron compilados y elaborados por el Instituto de Investigaciones Económicas (IIE) de la Bolsa de Comercio a solicitud de La Voz.

Lo sucedido en Córdoba tiene un correlato similar a nivel nacional, aunque en 2020 la mortandad fue algo mayor en Córdoba que el promedio nacional: 4,3 por ciento de las firmas aquí se perdieron contra 3,8 por ciento a nivel país. En 2021, esos índices bajaron al 0,2 y 0,6 por ciento, respectivamente.

Argentina arrancó 2020 con 508.185 micro, medianas y grandes empresas activas y hoy alberga 488.817 (último dato publicado en octubre). Es decir, perdió 19.369 firmas empleadoras.

Las cifras indican que más del 11 por ciento de las empresas perdidas en el país desde 2020 estaban en Córdoba.

Traumático y expulsivo

“Una primera lectura muy clara que se desprende de los datos es que la economía puede rebotar pero eso no necesariamente se traduce en generación de empresas ni tampoco en crecimiento de salarios, como muestra la evolución de ingresos de la población”, apuntó Fabio Ventre, subdirector del IIE.

El economista subrayó que la poca creación de empresas es un problema que el país arrastra hace varios años, muy asociado a factores como la complejidad burocrática que implica dar de alta una empresa y la rigidez y costos de la legislación laboral. “El fenómeno es un síntoma de las excesivas regulaciones que existen en nuestro país, el costo institucional. Cerrar una empresa resulta traumático y quien bajó las persianas de una y despidió empleados es muy raro que quiera volver a pasar por eso Argentina”, apuntó Ventre.

En sintonía con muchos colegas y con la mayoría de las entidades de representación empresaria locales y nacionales, el economista insistió en la necesidad de aplicar cambios estructurales: modernizar la legislación laboral y bajar costos impositivos y trabas burocráticas para el inicio de actividades económicas.

“Sin eso, es muy difícil que se revierta un problema que Argentina tiene hace varios años: no logra crear empresas de manera sostenida a excepción de en ciertos sectores muy puntuales, como el tecnológico”, cerró Ventre. En Córdoba ese fenómeno es palpable: el ecosistema tecnológico genera un movimiento fuerte de nuevas pequeñas compañías.

La incapacidad del país para generar empresas se viene agravando como problema desde 2015 y a partir de 2018 se profundizó aún más con el retroceso de la economía: el PBI hilvanó caídas del 2,5 por ciento ese año, 2,2 por ciento en 2019 y 9,9 por ciento en el 2020.

Con ese comportamiento, la Argentina confirmó su mal ranqueo en indicadores como los elaborados por el Banco Mundial, que mide la densidad de pymes cada mil habitantes. El país tiene 14, el segundo peor registro en la región (la supera Venezuela); muy lejos de números como los de Chile (58), Uruguay (48), México (34) y Brasil (25).

Pymes y “hospitalidad”, las más golpeadas

Los datos de la SRT muestran, previsiblemente, que las pymes resultaron más golpeadas que las firmas de mayor escala; dotadas de una espalda más robusta para surfear los cierres y la merma de actividad.

El segmento más pequeño relevado (empresas de hasta cinco empleados) mostró las mayores bajas: perdió 1.821 empresas desde 2020 (289 en 2021). Le siguieron, como más castigados, los grupos de firmas de entre seis y 10 empleados y de 11 y 25. Este último, sin embargo, mostró fuerte recuperación en 2021, año en que logró creación neta de 85 firmas aunque sin lograr volver a niveles pre-pandemia.

Las bajas en la “era Covid” en esos universos fueron compensadas en parte por la aparición de nuevas compañías de mayor escala en términos de empleados (desde 26 a más de 2.500). El nicho que más sumó desde el inicio de la pandemia fue el de pymes de 51 a 100 trabajadores: incorporó 50 nuevas empresas netas en comparación a febrero de 2020.

Si se analiza la mortandad por tipo de actividad, el rubro “hoteles y restaurantes” aparece como el más golpeado: perdió el 32 por ciento de sus empresas, 916 desde 2020 (61 de ellas durante 2021). Este comportamiento sintoniza con el gran sufrimiento mundial que acusó la llamada “industria de la hospitalidad” a causa de la pandemia.

En la misma línea, el segundo segmento con mayor merma fue “entretenimiento”, con una baja del 23 por ciento (123 firmas menos).

Las registradas en “transporte y almacenamiento” también descendieron fuerte: la actividad perdió 13 por ciento de las firmas desde la llegada de la epidemia mundial (846, casi la mitad de ellas durante el 2021).

El sector “comercio”, en tanto, está aún 3,2 por ciento más chico que antes del Covid-19: perdió 456 empresas desde el inicio de 2020 pero durante 2021 comenzó a revertir (ese año logró generación neta de 116 firmas).

El empleo, un reflejo de la merma de empleadores

La erosión y achique de empresas registradas empleadoras en Córdoba tiene su correlato en el mercado de trabajo, caracterizado por el estancamiento del crecimiento del empleo formal en relación de dependencia. Si no suben de manera sostenidas los empleadores privados, tampoco lo hacen los puestos que estos son capaces de generar.

El problema también antecede a la pandemia pero se agudizó con la crisis que detonó el Covid y la aceleración de cambios tecnológicos y en el mundo del trabajo que también provocó.

Es por eso que, luego del fuerte golpe de la crisis sanitaria, la recuperación de empleos se viene registrando básicamente por crecimiento de los puestos informales, del cuentapropismo en versión más precaria y, en menor medida –en especial en Córdoba- del empleo público; fenómenos todos que se replican a nivel nacional.

Un estudio realizado a fines de 2021 por las economistas Laura Caullo y Azul Chincarini del Ieral de la Fundación Mediterránea puso algunos números impactantes a estos procesos. A partir del cruce de distintas estadísticas oficiales, reveló que la masa de asalariados formales en Córdoba no crece desde hace una década: incluso en el primer semestre de 2021 fue uno por ciento inferior a la de igual lapso de 2011. Ese indicador puso a la provincia en mitad de tabla entre las jurisdicciones que perdieron puestos y aquellas que lograron generarlos.

En los extremos se ubicaron Catamarca (el empleo asalariado retrocedió 13 por ciento) y Neuquén (epicentro de Vaca Muerta), con un salto positivo del 26 por ciento en trabajos formales.

El estudio grafica la composición de la población económicamente activa (en condiciones de trabajar) cordobesa a mediados de 2021: 51 por ciento inactiva, 12 por ciento asalariada formal en el sector privado, 12 por ciento informal, otro 12 cuentapropista, un cinco por ciento empleada en el sector público, un siete por enciento desocupada y un uno bajo la condición de “patrón”.

LA VOZ