55% del suelo afectado por la sequía: dramática caída de la producción agropecuaria

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a campaña agrícola nacional se encuentra inmersa en uno de los peores escenarios en cuanto a falta de lluvias. Los perjuicios por la dramática sequía se miden en millones de hectáreas afectadas y en miles de millones de dólares que no ingresarán por la menor producción agropecuaria.

A nivel climático, se trata de la tercera campaña consecutiva que sufre los estragos de la “Niña”, algo que sólo sucedió durante tres oportunidades desde 1950.

Según los expertos en meteorología, la “triple Niña” provocó una de las peores secas de los últimos 60 años.

Sequia prolongada
Sequia prolongada

“La continuidad que mantuvieron las condiciones de escasez hídrica desde el 2020 hasta la fecha, y su impacto sobre las reservas de agua en la región pampeana permiten definir, sin exageración alguna, a la campaña 2022/23 como la más seca en más de sesenta años”, afirman especialistas en un informe de la Guía Estratégica para el Agro de la Bolsa de Comercio de Rosario.

LA SEQUÍA EN NÚMEROS

Vale apuntar que la media pluvial para la zona núcleo es de entre 900 y 1.050 milímetros anuales. En 2022 llovió apenas el 50% de la media.

Casi el 55% de los suelos del territorio nacional está afectado por falta de lluvias o directamente sufre estrés hídrico, según estableció un informe del Sistema de Información sobre Sequías para el Sur de Sudamérica (Sissa).

Lo mapas y las imágenes satelitales ofrecen un panorama de horror. La Mesa Nacional de Monitoreo de Sequías no para de incorporar en sus informes porciones de tierra que sufren la sequía. En el último, sostuvo que en total hay 175.125.097 hectáreas perjudicadas, de las cuales 1.218.318 son superficies cultivables.

Se pronostican pérdidas de hasta el 1,8% del producto bruto interno del país y una merma en las exportaciones de más de US$ 14.000 millones.

Esto repercutirá directamente en las arcas del Estado. Distintos economistas calculan que el ingreso de divisas podría llegar a ser un 33% menos que en la campaña pasada.

CAÍDA EN LA PRODUCCIÓN DE SOJA

La Bolsa de Cereales de Buenos Aires estima que en la zona núcleo, la más productiva del país, el factor climático provocó pérdidas de hasta el 50 por ciento en soja.

Las lluvias por debajo de lo normal y las altas temperaturas fueron un combo determinante para la merma en la estimación de la producción de la oleaginosa. En el inicio del ciclo, la Bolsa de Rosario proyectaba una producción total de 19,7 millones de toneladas de soja, sobre la base de un rendimiento promedio de 40 quintales por hectárea y una intención de siembra de 5,1 millones de hectáreas.

Sin embargo, hoy la situación es bastante más complicada como consecuencia de los avatares del clima. Hoy se estima una cosecha total de 10,7 millones de toneladas, con un rendimiento promedio de 23 quintales por hectárea, y una baja en la superficie sembrada de casi medio millón de hectáreas, lo que la ubicaría en 4,7 millones de hectáreas.

La sorpresa ante semejante panorama llegó incluso a los expertos. “Nadie se explica cómo en 3 meses del cultivo ha sucedido esto. Si bien se sabía que sería una campaña muy difícil por la sequía, lo que se ve ha superado las peores pesadillas de los productores”, afirman.

Incluso, desde la Bolsa de Cereales de Córdoba, hablan de “daños irreversibles” para algunas zonas.

CÓMO GOLPEA LA SEQUÍA AL MAÍZ

La Bolsa de Comercio de Rosario indicó que en la actual campaña se perdió un 5% de la superficie de maíz. De lo sembrado, el 65% está entre bueno y muy bueno, mientras que el 35%, entre regular y malo. La entidad recortó su estimación de producción en 5 millones de toneladas, al pasar de 50 a 45 millones de toneladas.

“Los tamberos tuvieron que picar de manera anticipada lotes de maíz temprano para poder alimentar a los animales, obtuvieron un 15% menos de rendimiento que un año normal. Ya que no les quedan suficientes reservas para poder alimentar los animales y mantener la producción”, indicó un experto.

LA CAMPAÑA 2022/23 DE TRIGO

Según la estimó la Bolsa de Cereales de Buenos Aires, el aporte a la economía de la campaña de trigo 2022/23 que acaba de concluir caerá 36% respecto al año pasado y llegará hasta los US$ 3.700 millones como consecuencia del alto impacto que tuvo la sequía durante el ciclo productivo.

La caída en la producción es del 44,6% respecto a la campaña anterior, equivalente a 10 millones de toneladas menos.

Ante este panorama, y con solo 5,9 millones de toneladas de trigo para embarcar frente a las 15,34 millones del año pasado, se esperan ingresos por exportaciones 55% menores a los de la campaña pasada, por US$ 2.300 millones. En tanto, se estima que la recaudación fiscal vía derechos de exportación caería US$ 500 millones, hasta los US$ 1.000 millones.

El rinde promedio nacional fue de 22,8 quintales por hectárea (qq/ha) , una caída interanual de 34,5% y de 26,6% respecto al rendimiento promedio de las últimas 5 campañas.

LA SEQUÍA Y LA GANADERÍA

La producción ganadera también fue muy afectada por la ausencia de lluvias.

Las consecuencias para esta actividad son escasez de alimento por la sequedad de las pasturas, aumento de costos de suplementación, reducción de los rodeos y disminución de los índices de preñez, entre otras.

La sequía, terminó incidiendo en una sobre oferta de animales lo que derivó en un retraso en los precios de la carne vacuna. De hecho, en 2022 el kilo de asado avanzó un 40% mientras que la inflación estuvo cerca del 100% anual.

Los tamberos también sufrieron la seca y el Gobierno Nacional otorgó ayudas por un monto de casi 10 mil millones de pesos.

CRECE EL PESO DE LOS IMPUESTOS POR LA SEQUÍA

La grave situación del campo producto del clima también repercute en el peso que tienen los impuestos sobre los productores. Según un informe de la Fundación Agropecuaria para el Desarrollo de la Argentina (Fada), esto es así, por la estructura tributaria que pesa sobre la producción agrícola.

“Uno esperaría que si la producción baja, sea por sequía o el motivo que sea, la presión de los impuestos también baje. Sin embargo, por la estructura tributaria que pesa sobre la producción agrícola, un evento adverso como la sequía, en lugar de reducir el peso de los impuestos, lo aumenta. Esto es debido a que, el impuesto con mayor participación es el derecho de exportación que, al actuar sobre el precio bruto, no reconoce caídas en la rentabilidad. Así, a medida que empeora la sequía, aumenta la participación de los impuestos sobre la renta”, explica David Miazzo, economista jefe de la entidad.

Más allá de los avatares del clima, los productores argentinos apuntan hacia el Gobierno por la falta de un plan ganadero concreto. Constantemente piden medidas que van desde un alivio fiscal, un tipo de cambio unificado hasta una fuerte quita en las retenciones.

“Las medidas que estamos viendo no son más que un parche. De acá noviembre del año que viene hay muchos productores que seguramente desaparezcan”, advierte el presidente de la Asociación Argentina de Productores Agropecuarios, Pedro Zabala.

“La sequía vino a sumar un problema a cuestiones que ya veníamos arrastrando. Es un sector que ofrece 7 de cada diez dólares que entran en Argentina. Tendríamos que ser escuchados y habría que establecer un fondo de previsibilidad para que esto no vuelva a ocurrir”, cierra.

EL CLIMA A FUTURO: ¿SIGUE LA NIÑA?

El horizonte climático para el campo argentino asoma con algunos claros y las perspectivas para 2023 mejoran. Según los meteorólogos, la Niña podría comenzar a disiparse en febrero para dar paso a condiciones neutrales y a la posibilidad de El Niño a partir del segundo semestre.

No será de un momento a otro. “El proceso de transición es lento, de manera que las perturbaciones negativas continuarán hasta mediados del verano 2023, haciendo necesarios una planificación prudente, un manejo riguroso y un uso racional de la tecnología disponible”, indicó el reconocido ingeniero agrónomo especialista en clima Eduardo Sierra.

AGRO VOZ – LA VOZ

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