Argentinos desarrollan un hidrogel bioactivo inyectable para reparar tejido cardíaco dañado
La startup argentina Amnova Biotech se encuentra en pleno desarrollo de una terapia regenerativa para reparar el corazón dañado después de un infarto. Se basa en un hidrogel bioactivo inyectable inspirado en tejidos de nacimiento humano.
El objetivo del gel biomimético es reducir el daño cardíaco y mejorar la función del corazón mediante la liberación sostenida de factores regenerativos recombinantes, sin utilizar células ni componentes de origen animal.
De acuerdo con la World Heart Federation, la insuficiencia cardíaca es la principal causa de morbimortalidad en el mundo y afecta a más de 64 millones de personas. Sin embargo, las alternativas de tratamiento actuales como las terapias farmacológicas, angioplastias, cirugías de bypass o trasplantes, no logran revertir el daño en el músculo.
El resultado es que millones de pacientes conviven con una pérdida irreversible de la función del corazón que impacta directamente en su calidad de vida y genera altos costos para los sistemas de salud.
En este contexto, Amnova Biotech ofrece una alternativa que propone pasar de tratamientos paliativos a soluciones regenerativas que combinan biotecnología, ciencia aplicada y desarrollo local.
La startup forma parte del porfolio del Centro de Innovación Tecnológica, Empresarial y Social (Cites), el fondo de venture capital del Grupo Sancor Seguros. Este último se especializa en deeptech y acompaña a startups científicas con potencial global desde sus primeras etapas aportando capital, infraestructura y una red de expertos.
El origen y funcionamiento del desarrollo
Pilar Ferrer es bióloga y CEO de Amnova y el hidrogel surgió de su proyecto de tesis doctoral que desarrolla en la Universidad Favaloro, su lugar de trabajo. Gracias a un convenio de la universidad con el Banco de Tejido de Membrana Amniótica Argentina AMNIOS BMA, pudo avanzar en esta nueva tecnología medicinal.
“En este convenio empezamos a buscar resultados que fueron muy positivos pero aún muy preliminares. Con la falta de financiamiento que hubo hace dos años, un colega nos sugirió armar un plan de negocio y postularlo para financiamiento privado. Así entramos a Cites y pudimos hacerlo realidad”, contó Ferrer a La Voz.
Se trata de una tecnología, libre de células diseñada para recrear señales biológicas clave que favorecen procesos regenerativos. Inyectado directamente en el área lastimada del corazón, el hidrogel proporciona bioactivos que activan la vascularización y la división celular del músculo cardíaco para qu
“A diferencia de otros órganos del cuerpo, el corazón no puede curarse o regenerarse luego de que el tejido muere. Así en un infarto se forma una cicatriz que es rígida y que impide que el corazón funcione de manera eficiente”, explicó la especialista.
Y prosiguió: “lo que buscamos es degradar esa cicatriz y activar las células que están alrededor para que puedan repoblar el tejido con células funcionales y contráctiles. Para eso por un lado activamos esos mecanismos, y por el otro proporcionamos antiinflamación y un microambiente que sea propenso a la regeneración o curación”.
Sobre el modo de colocación del hidrogel indicó que en primera instancia se aplicaría durante una cirugía de bypass en calidad de coterapia, para así ingresar en un sistema médico existente y no necesitar de nuevos entrenamientos, métodos o terapias. El objetivo a futuro es inyectarlo directamente por cateterismo para que sea menos invasivo.
Consultada sobre la cantidad de aplicaciones que requiere explicó que es suficiente con una sola. “Los estudios apuntan a una sola dosis pero por sus características de esterilidad y al ser acelular podría ser re administrable si fuera necesario”.
Efectos y accesibilidad
Los resultados preclínicos obtenidos por los investigadores hasta el momento son alentadores. En modelos animales de infarto de miocardio la tecnología demostró mejoras significativas a tan solo 28 días del tratamiento.
“Lo hemos probado en ovejas, que tienen el modelo cardíaco más similar al humano. Pudimos ver que el hidrogel activa los mecanismos necesarios para regenerar el tejido y que hubo un aumento tanto en la formación de nuevos vasos sanguíneos como en la proliferación de células cardíacas”, detalló Ferrer.
Y agregó: “además se redujo el tamaño del infarto o cicatriz y hubo una mejora de la función cardíaca, específicamente de la función ventricular que es el parámetro que se usa para evaluar el funcionamiento del corazón”.
Los ensayos clínicos en humanos están previstos para principios de 2028 pero todavía resta completar el camino regulatorio y de patentamiento. “Estamos generando la información para probar que el desarrollo funciona y luego seguiremos con la patente”.
Respecto de la posibilidad de que el hidrogel funcione en otros tipo de tejidos, la investigadora señaló: “sabemos que podría ser interesante en el músculo esquelético para isquemias periféricas, una patología muy común, y también para desgarros. Está en nuestros planes probar con otras aplicaciones después de la cardiológica”.
En cuanto a la accesibilidad que tendría este desarrollo Ferrer afirmó que el objetivo es que se distribuya públicamente. “Nuestra terapia es estable a temperatura ambiente por lo que no necesita logística de cadena de frío, de distribución o de almacenamiento. Queremos que sea accesible en cualquier clínica, hospital y para cualquier obra social”.
Equipo de investigación
El equipo de investigadores se compone de cuatro personas. Ferrer como CEO liderando el equipo y la estrategia internacional, regulatoria e intelectual. Daniela Olea, biotecnóloga centrada en el trabajo de laboratorio evaluando los efectos biológicos del desarrollo.
Mariano Berra farmacéutico dedicado a la matriz inyectable investigando cuánto tiempo perduran los activos en el cuerpo desde parámetros físico-químicos. Alejandro Berra, bioquímico enfocado en la transferencia tecnológica del producto.
LA VOZ

