Provinciales

PJ provincial. Llaryora magnifica el ruido opositor y apuesta a un escenario fragmentado

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Luego de los encendidos discursos de Luis Juez y del libertario Gabriel Bornoroni en el acto que el juecismo organizó para celebrar el Día del Trabajador, en el oficialismo provincial empezó a tomar forma una certeza: el gobernador Martín Llaryora buscará su reelección frente a una oposición fragmentada, con la alianza libertaria-juecista como principal contrincante.

“Después, que no digan que nosotros hacemos operaciones para dividirlos. La realidad marca que casi no hay chances de que libertarios, juecistas y radicales convivan en un mismo espacio”, deslizó, con tono filoso, un funcionario provincial que integra la mesa chica donde se toman las decisiones políticas del llaryorismo.

Los oficialistas –y el propio gobernador– siguieron con atención milimétrica lo que ocurrió en el acto opositor del 1º de mayo. No fue un evento más: dejó definiciones que resonaron fuerte en el Centro Cívico.

Según fuentes oficiales, hasta el propio Llaryora se sorprendió por el calibre de los mensajes. Juez y Bornoroni no solo ratificaron su alianza, sino que además enviaron una señal directa al radical Rodrigo de Loredo. “Los especuladores se quedarán afuera”, lanzó –sin matices– el diputado libertario. No hizo falta que diera nombres: el destinatario quedó claro.

En el oficialismo tomaron nota de la frase desafiante de Bornoroni, pero también de otros dos movimientos de Juez que no pasaron inadvertidos. Por un lado, el senador admitió que “probablemente” no lidere la principal coalición opositora. Por otro, dejó una advertencia dirigida a los hermanos Milei: podría correrse del armado si no juegan “a ganador” en Córdoba.

Para el juecismo duro, no hubo sorpresa. En medio de las negociaciones entre la Casa Rosada y el Centro Cívico –tanto por cuestiones de gestión como por acuerdos legislativos–, Juez viene sosteniendo esa postura en privado. Esta vez, simplemente, la hizo pública.

“No repetiré la experiencia del acuerdo estratégico de (Mauricio Macri) con (Juan Schiaretti) para que el PJ siga gobernando Córdoba, a cambio de no jugar a nivel nacional”, afirma, sin titubeos.

De Loredo le respondió a Bornoroni, con un mensaje que publicó en sus redes sociales, que los militantes digitales oficialistas se encargaron de difundir con esmero. «No soy empleado de nadie y no me gusta la sumisión», fue una definición del dirigente radical. Sin nombrarlo pareció una respuesta al diputado libertario.

Optimismo oficialista

Con ese telón de fondo, en el Centro Cívico se animan a una lectura –quizás demasiado optimista–: no habrá una oposición unificada como sucedió en 2023.

Aquel antecedente todavía pesa. Más allá de las tensiones entre Juez y De Loredo, la oposición logró entonces un acuerdo amplio para enfrentar a Llaryora, que terminó imponiéndose por apenas 64 mil votos. Una diferencia exigua que todavía resuena y genera intriga en el oficialismo provincial.

Hoy, el gobernador repite en público que su prioridad es la gestión. Pero, puertas adentro, nadie duda de que también sigue de cerca cada movimiento en la vereda de enfrente.

Llaryora tiene en sus manos una herramienta clave: la potestad de fijar la fecha de las elecciones provinciales y también de la ciudad de Córdoba, en coordinación con su socio político, el intendente Daniel Passerini.

Por ahora, en el oficialismo evitan definiciones. La única certeza es la decisión del gobernador de ir por la reelección.

“Martín (Llaryora) convocará a votar cuando crea que será el mejor momento para ganar. Esa certeza hoy no está. Habrá que esperar hasta el próximo verano”, graficó una fuente de máxima confianza del mandatario.

Alternativas en análisis

En ese marco de incertidumbre, el oficialismo baraja distintos escenarios para el calendario electoral, tanto provincial como capitalino.

La fecha no será un dato menor: definirá buena parte de la estrategia del gobernador. Una especulación que se repite es que los comicios provinciales serán entre abril y mayo.

“Si Martín cree que tiene chances de ganar ambas elecciones, repetirá la fórmula de 2023: comicios separados, pero por menos de 50 días de diferencia para evitar dobles candidaturas en la oposición. Si, en cambio, percibe que su reelección está en riesgo, seguramente despegará más los turnos y priorizará la provincial”, explicó un funcionario con despacho en el Centro Cívico.

Con esa ventaja institucional, el llaryorismo no solo piensa en su propio calendario, sino también en cómo influir en el tablero opositor.

Una de las cartas que los funcionarios llaryoristas ya ponen sobre la mesa: “levantar” a De Loredo. Cada declaración o propuesta del dirigente radical dispara una catarata de críticas desde el oficialismo. Pero detrás de esa aparente confrontación hay cálculo político: instalarlo como protagonista provincial para que tensione con Bornoroni y Juez.

Convicción opositora

El optimismo, sin embargo, no es patrimonio exclusivo del oficialismo. En la oposición también hay entusiasmo.

En el entorno de Bornoroni aseguran contar con encuestas que los muestran ganador frente a Llaryora, incluso en un escenario donde De Loredo compita por fuera de la alianza libertaria-juecista.

“La gestión de Llaryora no es buena y no tiene margen para mejorar: no tiene equipos y el contexto económico no lo ayuda. Además, en las recorridas por el interior vemos un fuerte clima de cambio. Son muchos 28 años con la misma melodía”, sostuvo uno de los laderos del diputado libertario. Aunque aún no lo dice en público –por su acuerdo con Juez–, Bornoroni aspira a ser candidato a gobernador, con el aval de la Casa Rosada.

En el campamento juecista, el diagnóstico es todavía más contundente. “El ciclo del PJ está agotado. Llaryora tira fuegos artificiales, pero la gente ya le bajó el pulgar. Primero buscó sumar a radicales y al PRO; ahora dejó en banda a los no peronistas que se acercaron y se recostó en el peronismo. Si no cometemos demasiados errores, vamos a gobernar la provincia”, sintetizó uno de los dirigentes de confianza de Juez.

LA VOZ