Coronavirus: en EE.UU. avanza la investigación de una vacuna que se aplicaría con un parche autoadhesivo

Científicos de la Universidad de Pittsburgh (Estados Unidos) anunciaron el desarrollo de una potencial vacuna contra el SARS-CoV-2, el virus que causa la enfermedad conocida como coronavirus y que está afectando a la Argentina y a gran parte del mundo. Así lo indica un informe que se publicó este jueves en la prestigiosa revista científica The Lancet.

Los coronavirus son una familia de virus. En los seres humanos pueden causar infecciones respiratorias que van desde un resfrío común hasta enfermedades más graves, como el síndrome respiratorio agudo severo (SRAS-SARS). Actualmente nos encontramos ante una pandemia por un nuevo coronavirus, el SARS-CoV-2, que fue descubierto recientemente y causa la enfermedad por coronavirus COVID-19.Newsletters Clarín Coronavirus en la Argentina

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​La nueva candidata a vacuna se administra de una forma novedosa: a través de un parche del tamaño de la punta de un dedo, que se pega sobre la piel. Los investigadores aseguran que la técnica sería menos dolorosa que las habituales, por ser similar a la colocación de un adhesivo.
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El parche contiene 400 microagujas diminutas, que van introduciendo en el organismo partículas de la proteína spike del coronavirus, en una cantidad suficiente para desencadenar la respuesta inmune deseada. 

La proteína spike se elabora en un laboratorio, con el objetivo de generar inmunidad, en una forma similar a la usada en las actuales vacunas contra la gripe.

¿Qué es la proteína spike? La estructura del SARS-Cov-2 está constituida por un genoma ARN de cadena simple en su interior, cubierto por una cápsula en donde encontramos distintos tipos de glicoproteínas, cada una con una función específica. Una de estas glicoproteínas, que se denomina «S» o espiga, o spike, en inglés, se proyecta en forma de espículas y se destaca por su longitud, dándole al virus la forma característica de una corona.

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La proteína spike es clave para los científicos estadounidenses. De hecho, ya habían detectado su importancia durante las primeras epidemias de otros coronavirus.

“Teníamos experiencia previa con el SARS-CoV en 2003 y el MERS-CoV en 2014. Estos dos virus, que están estrechamente relacionados con el SARS-CoV-2, nos enseñaron que la proteína ‘spike’ es importante para inducir inmunidad contra el virus. Sabíamos exactamente dónde combatir este nuevo virus”, dijo Andrea Gambotto, profesora de Cirugía de la Universidad de Pittsburgh.

Por el momento, la nueva vacuna fue testeada solo en ratones. En esas pruebas, se demostró que “produce anticuerpos específicos para el SARS-CoV-2 en cantidades que se consideran suficientes para neutralizar el virus”, indicó la Universidad en un comunicado.

El informe detalla que la vacuna generó una oleada de anticuerpos contra el SARS-CoV-2 dentro de las dos semanas posteriores al pinchazo de las microagujas.

Está previsto que pronto la vacuna se pueda probar en personas. Los autores del trabajo están en el proceso de solicitar una aprobación de la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA) de los Estados Unidos que les permita comenzar un ensayo clínico en Fase 1 en humanos en los próximos meses.

Nueva candidata a vacuna contra el coronavirus (UPMC).

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«Las pruebas en pacientes generalmente requerirían al menos un año y probablemente más», comentó Louis Falo, profesor de dermatología en la Facultad de Medicina de la Universidad de Pittsburgh. “Esta situación particular es diferente de cualquier cosa que hayamos visto, por lo que no sabemos cuánto tiempo llevará el desarrollo clínico. Las revisiones de los procesos anunciadas recientemente sugieren que podríamos avanzar más rápido (de lo normal)”, agregó Falo.

En caso de aprobase la vacuna para su uso en humanos, será necesario producir cientos de millones de dosis en todo el mundo, para tratar de combatir la epidemia del coronavirus. Por eso, los investigadores se aseguraron por adelantado que su vacuna pueda ser desarrollada a gran escala.

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Consultado por Clarín, Osvaldo Teglia, profesor adjunto a cargo de Enfermedades Infecciosas de la Facultad de Ciencias Biomédicas de la Universidad Austral, comentó que las vacunas «se presentan como uno de los pilares principales de lucha contra la actual pandemia».

Sostiene que «existen diferentes proyectos en marcha que involucran distintas técnicas novedosas». Todos con igual objetivo: el de imitar la infección natural en forma controlada para estimular una respuesta inmune potente que nos prevenga de la futura infección.

La OMS contabiliza más de 40 proyectos de distintas vacunas en investigación en etapa preclínica y clínica fase I, que implica la evaluación en pequeños grupos de seres humanos.

Ante la consulta de si el avance de Pittsburgh es más importante que los otros proyectos, Teglia responde con cautela. «Tal vez sea demasiado pronto para establecer comparaciones entre ellos. Debemos esperar resultados. Los estudios de investigación requieren de la utilización en muchos seres humanos antes de determinar si una vacuna realmente protege», remarcó. 

Imagen microscópica del SARS-CoV-2, el virus que causa el COVID-19 (EFE).

Imagen microscópica del SARS-CoV-2, el virus que causa el COVID-19 (EFE).

Respecto al nuevo desarrollo, comenta que la proteína «S» o spike, es considerada un elemento trascendente en la patogénesis del nuevo coronavirus. «A través de muy avanzadas y diferentes biotecnologías se ha convertido en una verdadera ‘estrella’ para el desarrollo de vacunas contra SARS-Cov-2», señaló.

«El objetivo es que el ser humano pueda enfrentarse al antígeno spike antes que a la infección por el virus. Que desarrolle una respuesta del sistema inmune efectiva en forma de anticuerpos neutralizantes que lo protejan de la infección», continúa Teglia.

«La vacuna de Pittsburg sería de fácil aplicabilidad y esto siempre es una ventaja. Otra fortaleza es que puede permanecer a temperatura ambiente hasta que sea necesaria, eliminando la necesidad de refrigeración. Además, su conformación es similar a la de las conocidas vacunas antigripales, haciendo prever tiempos regulatorios más óptimos que otras vacunas de nuevas tecnologías», concluye. 

CLARIN