Covid 19: Bajan los casos, pero se corre el arco para la pospandemia

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Breve repaso: durante la primera ola, Córdoba tuvo una escalada hasta llegar al pico de casos, en octubre de 2020, que duró cuatro semanas. Con la variante original del virus, la media máxima de casos se ubicó cerca de los dos mil contagios por día, pero nunca los superó. La desescalada también fue abrupta. Y encontró un piso, entre enero y marzo, de unos 500 casos por día.

Desde fines de marzo a mediados de abril, los casos se acomodaron en un piso más alto: unos 1.500 contagios diarios. Es el efecto del primer upgrade del virus: la variante Manaos, más transmisible. La meseta, más alta, duró casi un mes, hasta que a mediados de mayo se aceleró la curva y comenzó, de modo acelerado durante cuatro semanas, una escalada que recién se comenzó a detener el 5 de este mes, cuando la Provincia adhirió al confinamiento decidido por la Nación y desde allí empalma sus propias restricciones a la movilidad.

Córdoba llegó a tener una media diaria de 4.600 casos, en lo que hasta aquí es el pico de la segunda ola. Comenzó a bajar y esta semana cierra con cerca de 2.600 casos de media.

¿Es una tendencia consolidada? No. Pero se mantuvo a la baja a pesar de que hubo reuniones familiares por el Día del Padre y de que las restricciones ya casi no se perciben en horario diurno.

¿Cuál será el nuevo piso que podría alcanzar la desescalada? Los expertos entienden que sería un buen resultado retrotraer la situación a abril: 1.500 casos por día.

La temida variante Delta ingresará de manera inexorable al país, y una cosa es que rebote sobre un piso de 2.500 o 3.000 casos, y otra, que lo haga desde la mitad. Reducir la cantidad de personas en las que el virus se replica puede evitar, a su vez, que en el salto de huésped en huésped se genere una variante local, sobre la base de Alpha, Gamma (Manaos), Lambda (andina) o Delta.

La certeza de que entrará la variante originada en la India pone en duda que se alcance, por efecto de la extensión de la vacunación y mejor clima, una tregua en primavera. La pandemia continuará.

Y mientras todos los esfuerzos se concentran en Covid, se acumulan pasivos. O, como sugiere un experto en gestión sanitaria, un fuerte deterioro del patrimonio poblacional.

Otra pandemia invisible. Los datos de exceso de mortalidad registrados en mayo ya ofrecieron un primer indicador sobre el impacto global de la pandemia en la salud. Murieron 1.274 personas más que en mayo del año pasado, y sólo 726 se explican por Covid, según los registros oficiales. Volcar el sistema a atender en forma prioritaria la pandemia deja una deuda de controles preventivos, tratamientos pospuestos o discontinuos. Y también hay impacto en el propio sistema de salud: la “covidización” impidió, durante este año y medio, la formación de jóvenes profesionales en otras especialidades y campos. Eso también se pagará.

Impacto en las familias. El crecimiento de la mortalidad de personas jóvenes suma un costo social. Se trata de muertes en un grupo que, en forma mayoritaria, es el núcleo de la población económicamente activa. Y dos de cada tres víctimas de la enfermedad son hombres, quienes todavía tienen una mayor representación demográfica como sostenes materiales de hogar.

Catástrofe educativa. Los pobres resultados de la educación remota, en especial en escuelas de gestión estatal, doblaron la presión para que retornen las clases presenciales. El pasivo en la educación no sólo es de contenidos y alcanza a todos los niveles, del inicial al universitario.

Deterioro social. El impacto en la sociedad ya es devastador. En la última semana, se conoció una fuerte suba de la desocupación en el Gran Córdoba. Los listones de ingresos se hunden en la pobreza, como reveló un estudio reciente de la Universidad Católica Argentina sobre asalariados. En los barrios, apareció un nuevo fenómeno, fruto de la desesperación: los comedores comunitarios como salida de subsistencia para familias numerosas que, para conseguir alimentos, ponen un tablón y unos bancos y abren su casa para comer con otros.

Salud mental. Un estudio reciente de una cátedra de una universidad de San Francisco reveló un fuerte crecimiento de todas las patologías vinculadas a la salud mental. Según esta investigación, la depresión moderada o severa afectaba, al inicio de la pandemia, a un 24 por ciento de los encuestados y llegó a duplicarse en un año. La ansiedad largó con una incidencia de 15 por ciento y este año ya se ubica en un 38 por ciento. Y el estrés, manifestado por un 23 por ciento de las personas cuando apenas largaban las medidas de aislamiento en el país, en 2020, llegó en los primeros meses de este año a afectar al 45,6 por ciento.

Las variantes amenazan con una nueva ola y un renovado impacto en los hospitales, pero más todavía corren el arco a la pospandemia. Es probable que ya no se pueda diferir la atención de estos pasivos “hasta que pase esto”.

LA VOZ