El precio del asado, bajo presión: los “feedlots” pierden dinero y faltaría carne hacia fin de año

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l mercado ganadero de Rosario (Rosgan) realizó este lunes una advertencia que enciende una señal de alerta en la Casa Rosada: “Es muy factible esperar una menor oferta de carne hacia fin de año”, manifestó en su informe semanal.

Constituye un factor que recalienta aún más el escenario inflacionario, y sobre todo en un precio que el Gobierno no quiere que vuelva a aumentar: el del asado.

De acuerdo con el Rosgan, el primer eslabón que complica el escenario es la suba del ternero. Tradicionalmente, en esta época del año la invernada comienza a presionar sobre los valores ya que la oferta de estos animales comienza a escasear.

Pero este año la situación está aún más ajustada, porque la zafra de terneros de principios de año fue inferior a la de 2020.

El resultado es que, en lo que va de octubre, la referencia para un ternero de 180 a 200 kilos se ubicó en 265 pesos, un 10 por ciento por encima de los 241 pagados durante la primera quincena de septiembre.

“Ante una zafra limitada como la lograda este año era esperable que la demanda comenzara a presionar sobre el valor de la invernada, a medida que nos alejamos del periodo de mayor oferta estacional”, explicó el Rosgan.

EL “GORDO”, MÁS QUIETO

Por su parte, el novillito desde marzo había venido subiendo al mismo ritmo que el ternero (entre uno y dos por ciento mensual), pero esa tendencia se cortó: el precio actual ronda los 196 kilos, casi el mismo valor que en septiembre. Es lo que explica que el valor de la carne al público también se mantenga estable.

Bajo la estrategia del Gobierno de congelar todos los precios de los alimentos posibles, la recuperación del “gordo” para consumo encontraría así un techo.

En la actualidad, la relación ternero-gordo está a 1,33, y es natural que, por razones estacionales, en el último trimestre sea así: el año pasado, por ejemplo, estaba en 1,35.

Pero en los últimos 70 días, el novillito subió 44 por ciento contra menos del 30 por ciento del ternero, y diciembre terminó con una relación 1,21.

El problema para los productores es que “este año el precio del gordo tiene un techo mucho más rígido, ya se sea por la debilidad de compra del propio consumidor como por la presión del gobierno por contener la suba de precios de los alimentos”.

PÉRDIDAS Y DESCAPITALIZACIÓN

El resultado es que, según datos de la Cámara Argentina de Feedlots (CAF), el 60 por ciento de las empresas del sector se encuentran vaciando sus corrales, consecuencia directa del contra margen con el que están trabajando.

El Rosgan calculó que, convalidando un precio de compra del ternero de 180 a 200 kilos a 265 pesos el kilo, para llevarlo a 320 kilos y venderlo a menos de 200 pesos, significa que un feedlot convencional estaría perdiendo en promedio más de ocho mil pesos por animal, lo que induce al engordador a un terreno de inminente descapitalización.

De allí que, para el mercado rosarino, solo hay dos caminos para que la actividad pueda mantenerse. Y en ambos casos, el resultado es menos oferta de carne.

El primero es que haya un acortamiento de los engordes, lo que implicaría la salida de animales con menor cantidad de kilos, dado el desincentivo que representa la incorporación de kilos adicionales a los valores actuales.

El segundo es que se apueste a engordes menos intensivos que permitan incorporar más kilos “baratos” a pasto y, de ese modo, compensar el mayor costo de compra. Esto requiere de recrías más prolongadas previo al ingreso a los corrales, lo que indefectiblemente restaría animales terminados en el corto plazo.

“En ambos casos es muy factible esperar una menor oferta de carne hacia fin de año. Ya sea por una caída en los pesos de faena -en caso que la balanza se incline hacia engordes más rápidos- o bien por un bache temporal de oferta, si la compensación se da por aumento de las recrías. Sin dudas el primero de los escenarios implicaría una pérdida directa de producción mientras que el segundo sería el más deseable en términos de balance general”, profundizó el Rosgan.

Y remató: “En definitiva, una vez más los desajustes de la macroeconomía se imponen por sobre los fundamentos del propio mercado, incentivando comportamientos que muchas veces terminan poniendo en juego el propio capital”.

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