Carlos perdió la vista, pero no las ganas: su amor por las bochas le devolvió la esperanza

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Uno detrás de otro. Así fueron apareciendo los obstáculos en la vida de Carlos Fassi, este hombre oriundo de La Paquita que desde chico se dedicó a las actividades agropecuarias y que por cuestiones económicas debió aprender sobre albañilería, el oficio que lo marcó de por vida.

En el pueblo, es conocido por levantar miles de paredes, techos y revoques. También por ser un gran jugador de bochas, un “chantador” de aquellos. Y, finalmente, un gran cocinero dueño de la receta de la “salsa mágica” que ya es una institución en las ravioladas solidarias de La Paquita y alrededores.

Carlos nunca se dio por vencido, ni siquiera cuando le dieron una noticia que cambiaría otra vez su vida: se quedaría ciego. No lo esperaba ni en la peor de sus pesadillas. En mayo de este año, concurrió a un sanatorio de la zona para operarse de cataratas y mejorar su vista porque no veía ya el fondo de la cancha de bochas y sus tiros no eran los de sie

Un error, una bacteria y el desenlace que nadie esperaba. Carlos perdía la vista en sus dos ojos.

A REMONTAR LA CUESTA OTRA VEZ, CON LA AYUDA CLAVE DE LA FAMILIA

El impacto de la noticia fue muy grande para Carlos, pero también para todos los que lo rodean y lo quieren. Su esposa Nora, su ahijada Carina (fue quien nos envió su historia a La Voz para el segmento Héroes y Heroínas Cotidianos), sus familiares y sus amigos se encargaron de sostenerlo y alentarlo para que saliera adelante.

Carlos Rossi, su amor por las bochas le devolvió las ganas de vivir tras quedarse ciego. (Gentileza)
Carlos Rossi, su amor por las bochas le devolvió las ganas de vivir tras quedarse ciego. (Gentileza)

“Se enteró de la noticia en mayo, justo cuando cumplía años, fue muy difícil para él, por las circunstancias en las que ocurrió y para todos los que lo queremos”, contó a La Voz Carina.

“Con la ayuda de nosotros, de los médicos, de psiquiatras y de amigos, logramos ponerlo de vuelta en carrera, para que se levantara con lo que más ama: las bochas”, remarcó.

“Jugué a las bochas toda la vida, durante muchos años en primera categoría, es una pasión que llevo desde siempre”, reafirmó el propio Carlos a este medio.

Carlos Rossi, su amor por las bochas le devolvió las ganas de vivir tras quedarse ciego. (Gentileza)
Carlos Rossi, su amor por las bochas le devolvió las ganas de vivir tras quedarse ciego. (Gentileza)

Cuando se enteró de que, a pesar de perder la vista, podría seguir jugando a las bochas –puesto a que existe una categoría que así lo permite–, no lo dudó ni un instante. “Mi familia fue el pilar de todo esto, sin ellos hubiera sido mucho más difícil y cuesta arriba estar donde estoy”, remarca.

UN TORNEO NACIONAL, UNA OPORTUNIDAD Y APRENDER LA PALABRA “CIEGO”

En medio de la recuperación y con el ánimo en ascenso, llega a La Paquita la noticia de un torneo nacional para personas que perdieron la vista: el Argentino de Ciegos, que se llevó a cabo en octubre.

Y Carlos no lo dudó, alentado por la familia: se anotó para participar en representación de su pueblo querido. Frente a todo lo que estaba viviendo y aprendiendo, hubo algo que lo marcó y se encarga de aclararlo. “Aprendí que las personas como yo son ciegos, no se llaman ‘no videntes’, somos ciegos”, enfatiza.

Y llegó el día del torneo. Con la ayuda de su hijo, Carlos fue pasando de ronda. Un rival, otro y otro. Su racha se cortó poco antes de la final, pero se llevó el trofeo del tercer puesto. Nada mal para alguien que participaba por primera vez de un torneo.

Carlos Rossi, su amor por las bochas le devolvió las ganas de vivir tras quedarse ciego. (Gentileza)
Carlos Rossi, su amor por las bochas le devolvió las ganas de vivir tras quedarse ciego. (Gentileza)
Carlos Rossi, su amor por las bochas le devolvió las ganas de vivir tras quedarse ciego. (Gentileza)
Carlos Rossi, su amor por las bochas le devolvió las ganas de vivir tras quedarse ciego. (Gentileza)

Hubo festejo, aplausos y la emoción del protagonista cuando se acuerda de lo que vivió hace muy poquito nada más. “Fueron dos días en familia, lo mejor que me ha pasado en la vida, con todos los que me ayudan a ponerle fuerza a esto para sobrellevarlo, para seguir adelante”, relata Carlos.

El trofeo y la posición en el torneo fueron anecdóticos para él. Se queda para siempre con la emoción de lo vivido y que pudo disfrutar agudizando sus otros sentidos. “Yo le meto para adelante para que también ellos no sufran por uno”, finaliza.

CARLOS, EL COCINERO SOLIDARIO, SUS RAVIOLADAS Y LA SALSA QUE ES UNA INSTITUCIÓN EN LA PAQUITA

La pasión de Carlos no se termina en las bochas. Junto con Nora, su pareja, desde hace 28 años llevan a cabo la tradicional “raviolada solidaria” a beneficio del jardín de infantes de La Paquita.

Nadie en el pueblo se quiere perder el evento. “Tenemos más de 750 personas en cada raviolada, son un éxito”, resume Carlos en su relato. “Su salsa es una institución en la zona”, dice a La Voz su ahijada Carina.

“Empezamos con mi esposa ayudando con esta iniciativa a un amigo que ya falleció y luego salimos afuera, a otros pueblos. En Porteña, por ejemplo, hicimos 610 kilos de ravioles en un día”, señala Carlos. “Yo ya no puedo estar, ahora se encarga mi esposa, y yo ayudo”, dijo.

Carlos y Nora son, además, grandes cocineros solidarios. La salsa de él es una institución en La Paquita y la zona. (Gentileza)
Carlos y Nora son, además, grandes cocineros solidarios. La salsa de él es una institución en La Paquita y la zona. (Gentileza)

Carlos y Nora no sólo se dedican a las ravioladas. “También participamos de polladas y de locros solidarios”, remarcaron ambos.

Carlos y Nora son, además, grandes cocineros solidarios. La salsa de él es una institución en La Paquita y la zona. (Gentileza)
Carlos y Nora son, además, grandes cocineros solidarios. La salsa de él es una institución en La Paquita y la zona. (Gentileza)
Carlos y Nora son, además, grandes cocineros solidarios. La salsa de él es una institución en La Paquita y la zona. (Gentileza)
Carlos y Nora son, además, grandes cocineros solidarios. La salsa de él es una institución en La Paquita y la zona. (Gentileza)

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